LA HABANA (AP) _ De unos pocos centímetros pero con alma de colosos: casi un centenar de bonsáis realizados por cubanos, muchos de ellos con especies autóctonas y tropicales, fueron el centro de la inauguración de una bienal sobre este arte milenario en la isla.
"Algunas personas creen que el bonsái es cosa de chinos", bromeó a la AP Jorge Luis Guerra, organizador del encuentro competitivo y uno de los principales cultores de la actividad en la isla. "Pero es un arte universal", agregó.
Sugestivas cuabillas y yanas de costa, thujas (una especie de pino aclimatado al Caribe) y júcaros compartieron el patio del Museo de Artes Decorativos de la capital con impresionantes ficus retusas que al natural pueden alcanzar varios metros pero en este caso tenían unos pocos centímetros.
Entre los árboles más impactantes en la exposición abierta el miércoles por la tarde había un ficus de 63 años, un tamarindo de fuerte contextura, un baobab que es de origen africano considera una planta sagrada en aquel continente y un bello flamboyán.
Algunas de las piezas presentadas recreaban paisajes en miniatura de bosquecillos en los que se simularon ríos adornados con minúsculas orquídeas y hasta lagos con peces vivos.
En total se espera que la bienal, abierta hasta 24 de agosto, distribuya una decena de premios entre los 71 acreditados.
Hace 12 años, cuando Guerra comenzó a desarrollar esta actividad, no había libros o internet para orientarse.
"Comencé dando cabezazos" (a tientas), comentó este hombre de 56 años y que ahora es presidente del Grupo BonsaiHabana, con unos 66 miembros.
BonsaiHabana fue el principal gestor de esta II Bienal Nacional de Bonsái pero que sus participantes buscan se convierta en internacional en próximas ediciones.
"Desde pequeño mi abuela paterna me motivó a coleccionar sellos. Un día apareció una carta de China, con un sello de un boinsái. Me dio mucha curiosidad: era un árbol pero estaba en una maceta", comentó Guerra sobre cómo se inició en tan singular actividad en la isla.
Debió esperar 38 años para poder desarrollar su afición, explicó, debido a la falta de información sobre el tema en Cuba. "Estuve muchos años esperando. Ahora doy cursos para que a otros no les suceda igual".
La mayoría de los bonsáis que trabajan él y sus compañeros son de árboles tropicales, autóctonos o naturalizados; pero hay quien se anima con otros exóticos y hasta con frutales, comentó Guerra.
El más joven del grupo de artistas presentes en la inauguración fue Alejandro Valenzuela, de 12 años.
"Llevo tres años haciendo esto con mi papá", dijo el adolescente, para quien la paciencia es un instrumento básico para sacar adelante al arbolito.
Tal como los parámetros internacionales lo indican los cubanos consideran bonsáis a los árboles de hasta 1,20 metros.
La exposición contempla también la posibilidad de vender las piezas y en dependencia de la maceta usada, el tipo de planta y la "educación recibida" (las atenciones y el trabajo que le insumió a su cultivador) puede conseguirse uno de estos bonsái por un precio de entre unos 30 y 800 dólares.
El arte del bonsái se originó en China hace unos dos mil años, como objeto de culto para los monjes taoístas. Fue llevado a Japón hace unos 700 años, donde evolucionó tal cual se lo conoce en la actualidad.








