A veces ciertas relaciones de pareja suenan como letra de un tango triste: "¿Qué me ata a este amor que duele? ¿Puede esta relación ser amor cuando lastima tanto?".
"Este tipo de relaciones no sólo existen entre hombres y mujeres, también es un fenómeno que envuelve a padres e hijos, amigos, empleados y jefes", indica Mary Canapá, terapista familiar.
Según la experta, hay personas que tienen la tendencia a estancarse en relaciones que les destruyen una y otra vez, y desconocen cuáles son los motivos espirituales, psicológicos, o biológicos por lo cual lo hacen.
"La adicción al amor es un proceso muy destructivo que se origina en la manera cómo durante la vida aprendemos a relacionarnos con los demás, para satisfacer nuestras propias necesidades", dice Canapá. Y continúa: "Existe adicción amorosa cada vez que miramos fuera de nosotros mismos para satisfacer nuestras ansias de seguridad o por temor a los cambios. Lo importante es comprender qué se nos está convirtiendo en una adicción y que nos hace caer en relaciones peligrosas, y hasta destructivas".
Marisol P., por ejemplo, dijo que ella permaneció al lado de su marido por más de dos décadas y siendo infeliz, porque sentía una fuerte dependencia de esta relación. Criada por una tía autoritaria, creció sintiendo el abandono de sus padres. La necesidad de amor fue una constante en su vida, por lo que a los 16 años, cuando conoció a Gustavo, se aferró a él en cuerpo y alma como una "tabla de salvación", según ella explica.
"Siempre pensaba que yo quería crecer como persona y esta relación me lo impedía porque había abuso de parte de él. Entonces quería dejarlo y extendía los plazos para hacerlo y me ponía excusas porque tenía miedo de continuar sola por la vida y creía que no iba a conseguir a alguien mejor", contó Marisol.
Liberación
De acuerdo con Mary Canapá, son muchos los factores que enrarecen nuestros sistemas de relaciones y nuestras creencias acerca del amor, tales como pérdida de confianza, valores reprimidos, violencia intrafamiliar, patrones culturales, miedo a la soledad, deseo de ser atendido y también el hecho de satisfacer necesidades personales.
"Las experiencias pasadas son determinantes en la conducta y todos estamos involucrados en los sistemas de relaciones. Nuestros padres nos entregaron todo aquello de lo que fueron capaces, hasta donde ellos lograron crecer, porque a su vez ellos fueron producto de la educación recibida. Nosotros, a su vez, hacemos lo mismo. De ser necesario, debemos cortar el eslabón para no repetir los mismos dramas a través de las generaciones. Acepta esta ‘tijera’ y corta reconociendo los grados de adicción en los que incurres. Cuando llegues a esto, encontrarás las respuestas dentro de ti mismo", afirma la terapista.
"En resumen, la adicción al amor es un proceso. Hay una entrada y una salida, como en todos los laberintos. Aprendiendo a valorarnos a nosotros mismos, defendemos las relaciones sin miedos, comprometiéndose sólo hasta donde podemos y debemos hacerlo, sin menoscabo de nuestra dignidad y nuestra felicidad, elementos claves en la vida de cualquier ser humano. Pero recordemos que muchas veces aunque estemos decididos a terminar con una relación adictiva necesitamos ayuda externa, es como si se quisiera salir de la droga, y para esto se necesita gente con experiencia que ayude. Hay que enfrentar los temores y descubrir los beneficios que vamos a obtener cuando nos veamos libres de esta infeliz situación", dice.
Y la experta concluye: "Cuando nos sentimos interiormente fuertes y en calma, cualquier situación difícil se tornará manejable. Para alcanzar la felicidad tan ansiada es necesario trabajar en nosotros mismos, fuente inspiradora de todo lo que nos ocurre".
Etapas para liberarse de un amor adictivo:
Negación: en la mayoría de las adicciones no queremos ver lo que está pasando y negamos la situación. Es un círculo cerrado donde el fracaso se esconde bajo frases como esta: ‘Así es la vida, ‘ lo/a elegí para estar juntos en las buenas y en las malas’, ‘esto es mejor que nada...’.
Incomodidad: Uno de los dos o ambos está incómodo dentro de la relación, pero no se atreve a terminarla.
Confrontación: Uno o ambos se confronta para mantenerse a tono con la relación. La rabia enmascara el miedo y uno o ambos tratan de controlar la situación con amenazas, abuso físico, emocional y/o psicológico, o hasta simular hacerse daño así mismo/a.
Separación psicológica: Las personas miran hacia adentro de sí mismas, para enfrentar los mitos heredados de la familia de origen o de la sociedad que les rodea. En este nivel se necesita una red de apoyo muy firme que permita esta exploración de manera segura.
Resolución de sí mismo: En esta etapa se han contestado preguntas básicas y empezamos a confiar en nosotros mismos. La palabra clave aquí es integración , pero no es conveniente permanecer mucho tiempo en esta etapa.
Relaciones: Comenzar a desarrollar relaciones nuevas y más maduras.
Alcanzar: Cómo llegar a los otros. Los individuos sanos forman parejas sanas, por consiguiente, aquel que se encuentra en una relación abusiva necesita reveer su mundo interior, porque no hay abusador sin abusado. Cúrate a ti mismo/a y desaparecerá la adicción, pero para hacerlo deberás encontrar el origen de tu debilidad. Sal al mundo y comparte tus dones con la vida.
A veces ciertas relaciones de pareja suenan como letra de un tango triste: "¿Qué me ata a este amor que duele? ¿Puede esta relación ser amor cuando lastima tanto?".
"Este tipo de relaciones no sólo existen entre hombres y mujeres, también es un fenómeno que envuelve a padres e hijos, amigos, empleados y jefes", indica Mary Canapá, terapista familiar.
Según la experta, hay personas que tienen la tendencia a estancarse en relaciones que les destruyen una y otra vez, y desconocen cuáles son los motivos espirituales, psicológicos, o biológicos por lo cual lo hacen.
"La adicción al amor es un proceso muy destructivo que se origina en la manera cómo durante la vida aprendemos a relacionarnos con los demás, para satisfacer nuestras propias necesidades", dice Canapá. Y continúa: "Existe adicción amorosa cada vez que miramos fuera de nosotros mismos para satisfacer nuestras ansias de seguridad o por temor a los cambios. Lo importante es comprender qué se nos está convirtiendo en una adicción y que nos hace caer en relaciones peligrosas, y hasta destructivas".
Marisol P., por ejemplo, dijo que ella permaneció al lado de su marido por más de dos décadas y siendo infeliz, porque sentía una fuerte dependencia de esta relación. Criada por una tía autoritaria, creció sintiendo el abandono de sus padres. La necesidad de amor fue una constante en su vida, por lo que a los 16 años, cuando conoció a Gustavo, se aferró a él en cuerpo y alma como una "tabla de salvación", según ella explica.
"Siempre pensaba que yo quería crecer como persona y esta relación me lo impedía porque había abuso de parte de él. Entonces quería dejarlo y extendía los plazos para hacerlo y me ponía excusas porque tenía miedo de continuar sola por la vida y creía que no iba a conseguir a alguien mejor", contó Marisol.