Los expertos recomiendan dar un papel en la familia a los adolescentes para que se sientan parte de ella. (FOTO: Archivo/La Opinión) Archivo/La Opinión
La idea casi generalizada de que los adolescentes son “indomables” debe cambiar, ya que no todos son así, además este pensamiento, pone de antemano una barrera muy grande para poder comunicarse con ellos.
Elegir la vía del enfrentamiento continuo con el fin de “meterlos en cintura”, sólo lleva a establecer una lucha de poder desgastante para ambas partes, sin llegar a ningún lado. Practicar el valor de la templanza, a través de actitudes prudentes y mesuradas, da mejores resultados y ayuda a los chicos a sacar el mayor provecho de esta etapa.
“Una de las principales características de los adolescentes, es la búsqueda de su autonomía. Desean tomar sus propias decisiones, buscan sus espacios, y defienden con ahínco su derecho a ser ellos mismos, con la aprobación de su familia o sin ella. Esto obviamente, genera en un primer momento desconcierto y disgusto en sus padres; quienes hasta ese momento, y debido a estas nuevas reacciones en sus hijos se dan cuenta de que han crecido”, explica la doctora Jacqueline Cortés, paidosiquiatra y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.
Durante esta etapa, los muchachos dejan atrás la imagen idealizada que tenían de papá y mamá cuando eran pequeños; y ahora, se percatan con más claridad, tanto de sus aciertos, como de sus errores. Aquellas actitudes u órdenes que antes aceptaban casi sin discusión, ahora son cuestionadas, y en algunas ocasiones hasta rechazadas tajantemente”. A los padres por su parte, los toma por sorpresa este cambio, y muchas veces, por no saber cómo manejar esta nueva situación, eligen la vía del enfrentamiento continuo.
Sin embargo, lo más probable es que elegir este camino sólo tenga como respuesta una mayor rebeldía; y que en la casa se respire un ambiente de violencia cada vez mayor. Hay que recordar que la adolescencia es un asomo constante al mundo de los adultos, y que es fértil y muy rica en aprendizajes; pero también es un periodo de cambios de toda índole que trae consigo dudas e incertidumbre, producto del miedo a no saber a ciencia cierta, qué es lo que va a pasar. Por eso es tan importante para ellos, sentirse queridos, aceptados y escuchados; eso les da seguridad. Pero esto no quiere decir, que no se les pongan límites.
En este sentido, la doctora Jacqueline Cortés comenta: “Por supuesto que se vale llamar la atención ante una conducta que se considera incorrecta, los límites en esta edad son más necesarios que nunca; sólo hay que cuidar especialmente la manera de hacerlo. Ser prudentes y ceder el paso a la negociación, evitará la tensión y las probables faltas de respeto mutuas. También, es importante que estas reglas sean suaves pero firmes; es decir, que se mantengan, a pesar del sentimentalismo que, a veces, suele aparecer después de haber llamado la atención”.
Otra sugerencia de la especialista, es tratar de interesarse en el mundo de sus hijos, evitando los prejuicios. Preguntarles qué les gusta o quiénes son sus amigos, sin criticarlos, permitirá que ellos vayan abriéndose poco a poco; y que de esta manera vaya surgiendo la confianza hacia sus padres. En este sentido, “hay que tomar en cuenta que los tiempos y las circunstancias cambian constantemente, y que la base de una comunicación asertiva, es mostrar un profundo respeto por las diferentes maneras de ser y pensar. Sin esta actitud de templanza, será muy difícil llegar a acuerdos, que dejen satisfechas a ambas partes”, finaliza la especialista.
Recordemos que en la adolescencia como en cualquier otra etapa de la vida de nuestros hijos, el respeto es la llave que abre la comunicación y confianza. Cuando se tenga una opinión distinta a la de ellos, o hayan cometido una falta, lo mejor que podemos brindarles es nuestra comprensión y amor incondicional.
La idea casi generalizada de que los adolescentes son “indomables” debe cambiar, ya que no todos son así, además este pensamiento, pone de antemano una barrera muy grande para poder comunicarse con ellos.
Elegir la vía del enfrentamiento continuo con el fin de “meterlos en cintura”, sólo lleva a establecer una lucha de poder desgastante para ambas partes, sin llegar a ningún lado. Practicar el valor de la templanza, a través de actitudes prudentes y mesuradas, da mejores resultados y ayuda a los chicos a sacar el mayor provecho de esta etapa.
“Una de las principales características de los adolescentes, es la búsqueda de su autonomía. Desean tomar sus propias decisiones, buscan sus espacios, y defienden con ahínco su derecho a ser ellos mismos, con la aprobación de su familia o sin ella. Esto obviamente, genera en un primer momento desconcierto y disgusto en sus padres; quienes hasta ese momento, y debido a estas nuevas reacciones en sus hijos se dan cuenta de que han crecido”, explica la doctora Jacqueline Cortés, paidosiquiatra y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.
Durante esta etapa, los muchachos dejan atrás la imagen idealizada que tenían de papá y mamá cuando eran pequeños; y ahora, se percatan con más claridad, tanto de sus aciertos, como de sus errores. Aquellas actitudes u órdenes que antes aceptaban casi sin discusión, ahora son cuestionadas, y en algunas ocasiones hasta rechazadas tajantemente”. A los padres por su parte, los toma por sorpresa este cambio, y muchas veces, por no saber cómo manejar esta nueva situación, eligen la vía del enfrentamiento continuo.
Sin embargo, lo más probable es que elegir este camino sólo tenga como respuesta una mayor rebeldía; y que en la casa se respire un ambiente de violencia cada vez mayor. Hay que recordar que la adolescencia es un asomo constante al mundo de los adultos, y que es fértil y muy rica en aprendizajes; pero también es un periodo de cambios de toda índole que trae consigo dudas e incertidumbre, producto del miedo a no saber a ciencia cierta, qué es lo que va a pasar. Por eso es tan importante para ellos, sentirse queridos, aceptados y escuchados; eso les da seguridad. Pero esto no quiere decir, que no se les pongan límites.
En este sentido, la doctora Jacqueline Cortés comenta: “Por supuesto que se vale llamar la atención ante una conducta que se considera incorrecta, los límites en esta edad son más necesarios que nunca; sólo hay que cuidar especialmente la manera de hacerlo. Ser prudentes y ceder el paso a la negociación, evitará la tensión y las probables faltas de respeto mutuas. También, es importante que estas reglas sean suaves pero firmes; es decir, que se mantengan, a pesar del sentimentalismo que, a veces, suele aparecer después de haber llamado la atención”.
Otra sugerencia de la especialista, es tratar de interesarse en el mundo de sus hijos, evitando los prejuicios. Preguntarles qué les gusta o quiénes son sus amigos, sin criticarlos, permitirá que ellos vayan abriéndose poco a poco; y que de esta manera vaya surgiendo la confianza hacia sus padres. En este sentido, “hay que tomar en cuenta que los tiempos y las circunstancias cambian constantemente, y que la base de una comunicación asertiva, es mostrar un profundo respeto por las diferentes maneras de ser y pensar. Sin esta actitud de templanza, será muy difícil llegar a acuerdos, que dejen satisfechas a ambas partes”, finaliza la especialista.
Recordemos que en la adolescencia como en cualquier otra etapa de la vida de nuestros hijos, el respeto es la llave que abre la comunicación y confianza. Cuando se tenga una opinión distinta a la de ellos, o hayan cometido una falta, lo mejor que podemos brindarles es nuestra comprensión y amor incondicional.