Hay muchos estímulos sexuales que pueden ser placenteros y deseables para la gran mayoría de la gente, como acariciar o besar a la pareja por ejemplo. Sin embargo, los grados de placer que esto produce pueden cambiar mucho de persona a persona y, de la misma forma, puede haber un sinnúmero de situaciones y prácticas, para algunos muy placenteras y para otros, incluso, desagradables.
Las diferentes maneras de manifestar nuestros impulsos y deseos eróticos, y la preferencia por ciertas prácticas sexuales, es lo que se ha llamado expresiones comportamentales de la sexualidad, también conocidas como parafilias. Voyerismo, fetichismo, exhibicionismo, rinofilia y sadomasoquismo son algunas de ellas, y aunque sus nombres las hagan parecer un poco extrañas, en realidad, todos tenemos un poco de ellas aunque en distintos grados.
La clave está en que estas parafilias son parte de un continuo que va desde expresiones que no se relacionan en lo más mínimo con el erotismo, pasando por el gusto por fantasear con ciertas prácticas que sólo quedan en eso, en fantasías; por el placer de llevarlas a cabo de vez en cuando y por ser conductas favoritas, hasta llegar al extremo de ser la única vía posible de lograr la satisfacción sexual, que es cuando se presentan los problemas.
Los fetiches y la sexualidad
Pongamos como ejemplo el fetichismo. El fetichismo se define como la conducta por la que la persona logra la estimulación y satisfacción sexuales mediante un objeto inanimado. Se puede sentir atracción por los objetos (o también partes del cuerpo) en diferentes grados.
Es decir, es posible que a una persona le guste la ropa de piel, le guste dormir con la playera de la persona que quiere o que tenga fotos suyas en la cartera. Una atracción en mayor grado sería que fantaseara con escenas en las que los objetos o partes del cuerpo son especialmente importantes.
Y una atracción aún más intensa, sería cuando en la práctica se tiene un especial gusto por la ropa interior de encaje, las botas de tacón, los pies, los pechos o hasta por determinados peinados.
El grado más extremo sería cuando el objeto o parte del cuerpo cobra un papel más importante que la persona misma, y el liguero, el pelo largo, el piercing o la forma y tamaño de los pechos o el pene de la persona son lo que genera una atracción irresistible o incluso se prefiere tener el objeto en las manos para fantasear con él mientras la persona se autoestimula, que tener una relación con la persona misma.
Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que es distinto que a uno le gusten los hombres con barba o las mujeres con tacones, a que las barbas o los tacones en sí mismos hagan que de pronto uno sienta un deseo irrefrenable que lo lleve incluso a actuar.
Cuando el gusto por alguna práctica se transforma en una vía exclusiva para sentir placer, en una conducta compulsiva sobre la que la persona siente no tener control y que no toma en cuenta los deseos y sentimientos de la otra persona, estaríamos hablando de que genera un problema. No es algo que agrega placer al encuentro, sino que es un elemento que controla el encuentro y la reacción de la persona, caso en el cual, lejos de que la persona se sienta satisfecha, más bien sufre.
Más común en los hombres
El fetichismo es más común en hombres que en mujeres, aparentemente por la mayor importancia que dan los hombres al sentido de la vista en la respuesta sexual. Pero también está presente en las mujeres, quizá de manera menos exclusiva; no podemos negar que para algunas las espaldas anchas, las pantorrillas musculosas o el pelo en pecho, pueden ser elementos que contribuyen a la excitación.
El término "fetiche" originalmente se refiere a un objeto que cuenta con poderes sobrenaturales o un objeto creado por humanos con poder sobre otras personas.
Seguramente todos tenemos un poco de fetichistas aunque en diferentes grados.
Y usted con qué fantasea...
Entre los fetiches más comunes se encuentran:
-Ropa interior femenina
-Guantes
-Medias
-Botas y zapatos
-Ropa de piel
-El pelo y las pelucas
-Uñas, piernas, axilas, pechos, ombligo, glúteos y pies
Y una atracción aún más intensa, sería cuando en la práctica se tiene un especial gusto por la ropa interior de encaje, las botas de tacón, los pies, los pechos o hasta por determinados peinados.
El grado más extremo sería cuando el objeto o parte del cuerpo cobra un papel más importante que la persona misma, y el liguero, el pelo largo, el piercing o la forma y tamaño de los pechos o el pene de la persona son lo que genera una atracción irresistible o incluso se prefiere tener el objeto en las manos para fantasear con él mientras la persona se autoestimula, que tener una relación con la persona misma.
Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que es distinto que a uno le gusten los hombres con barba o las mujeres con tacones, a que las barbas o los tacones en sí mismos hagan que de pronto uno sienta un deseo irrefrenable que lo lleve incluso a actuar.
Cuando el gusto por alguna práctica se transforma en una vía exclusiva para sentir placer, en una conducta compulsiva sobre la que la persona siente no tener control y que no toma en cuenta los deseos y sentimientos de la otra persona, estaríamos hablando de que genera un problema. No es algo que agrega placer al encuentro, sino que es un elemento que controla el encuentro y la reacción de la persona, caso en el cual, lejos de que la persona se sienta satisfecha, más bien sufre.
Más común en los hombres
El fetichismo es más común en hombres que en mujeres, aparentemente por la mayor importancia que dan los hombres al sentido de la vista en la respuesta sexual. Pero también está presente en las mujeres, quizá de manera menos exclusiva; no podemos negar que para algunas las espaldas anchas, las pantorrillas musculosas o el pelo en pecho, pueden ser elementos que contribuyen a la excitación.