Nueva York — Marcela Varela y Víctor Duque, una pareja de jóvenes colombianos, entraron tomados de la mano a un salón tapizado de color rosa, con mujeres casi desnudas bailando a su alrededor.
Las mujeres tenían el pecho descubierto, con los pezones tapados únicamente con calcomanías, y portaban falditas muy cortas, que dejaban poco a la imaginación. Unas bailaban en tubos; otras se movían dentro de jaulas y se revolcaban en camas instaladas en el Centro de Exposiciones de Nueva Jersey.
“Estábamos curiosos de ver cómo era”, dijo Varela, “y vinimos en pareja porque ¿para qué tener secretos, no?”
Era la primera vez que Varela y Duque asistían a “Exxxotica”, la convención de pornografía más grande de la costa este de los Estados Unidos, que se llevó a cabo por segundo año consecutivo en Edison, Nueva Jersey.
Conjuntamente con ellos, los organizadores calculan que 20,000 personas visitaron la feria, durante tres días.
El ambiente era similar a un gran club de strippers, pero contaba con mucha iluminación y un animador con un megáfono, al igual que en un evento deportivo.
El objetivo de ferias como “Exxxotica” es aliviar la caída económica que ha sufrido la pornografía en los últimos años. Esta industria generalmente produce alrededor de 10 billones de dólares al año, según un reportaje de CBS, pero en enero de 2009 se vio forzada a pedir una ayuda gubernamental, debido a la crisis.
Aparentemente, la estrategia funciona. En “Exxxotica” se cobraba $50 por día. Adentro los asistentes debían pagar por refrigerios y darles propinas a las modelos por cada foto y autógrafo.
Johnny Piñero, quien manejó 20 minutos para llegar a la ciudad de Edison y estaba con cámara en mano, dijo que gastó por lo menos $40 al día, aunado al precio de entrada.
Y Junior Paz, quien asistió con un grupo de amigos, admitió que la entrada era costosa pero que valía la pena por la variedad de la feria.
“Hay de todo”, asintió Paz, “es algo de sexo, pero resulta que hay información de todo tipo”.
Ese “todo” es producto de los distintos patrocinadores de “Exxxotica”, quienes tenían sus quioscos estratégicamente colocados en medio del salón. Las distintas empresas eran muy variadas, entre otras, de cirugía estética y depilación, de películas adultas, revistas de carros, pinturas corporales y tatuajes.
Pero sobretodo, resaltaban las discotecas para swingers, —aquellos que no tienen relaciones monógamas—, buscando atraer al público de la feria.
“La mayoría de la gente que viene al quiosco quiere saber sobre el estilo de vida swingers”, dijo Beatriz Rosel, promotora del club Miami Velvet, exclusivo para personas casadas que intercambian su pareja sexual.
Roger Portela, mánager de Miami Velvet, comentó que su discoteca es un club normal donde hay una barra y una pista de baile; pero también donde las personas pueden estar desnudas y tener sexo si quieren. Portela promueve su club como estilo de vida, que va de la mano con la pornografía, y que es sano para parejas y personas solteras.
Sin embargo, este “estilo de vida swingers” no es barato. Asistir a Miami Velvet puede costar más de 350 dólares, según su portal en internet, www.miamivelvet.com.
Independientemente del precio, no hay duda que Portela y muchos otros están pensando que el público de “Exxxotica” se vea tentado por su discoteca y el estilo de vida que esto implica.
“La economía nos ha afectado un poquito, pero mira a tu alrededor... todo el mundo quiere tener sexo”.
mariana.atencio@eldiariony.com