“Formar a nuestros hijos en la afectividad es ayudarlos a desarrollar su capacidad de amar. El amor se transmite principalmente en la familia”, dijo Paul Velery, ensayista y filósofo francés.
La familia hispana
El grupo familiar hispano es eminentemente fuerte. Es el centro de la vida, de la actividad que se genera entre padres, hijos, nietos, tíos, primos. La familia hispana se extiende mucho mas que la anglo. Es unida, es un centro de vida y fuente de amor.
Los expertos hablan de la familia como una íntima comunidad cuya misión es custodiar, revelar y comunicar el amor. Entre sus funciones esta la
*Formación de los hijos
*Participación en el desarrollo de la sociedad
Aprender a Amar
Uno de los papeles principales de la familia hispana es enseñarle a sus hijos a amar. No solo amarlos, sino que con el ejemplo, ellos, los hijos, aprendan también como amar.
La capacidad de amar es resultado del desarrollo afectivo del ser humano durante los primeros años de su vida. El desarrollo afectivo es un proceso continuo y secuencial, desde la infancia hasta la edad adulta.
La madurez afectiva es un largo proceso por el que el ser humano se prepara para la comunicación íntima y personal con sus semejantes. y que debe desencadenarse al primer contacto del niño con el adulto perpetuándose a lo largo de su existencia.
El ser humano nace con una capacidad innata para amar, pero el crecimiento y la vivencia del amor se realiza a través de la experiencia que va adquiriendo a lo largo de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en su familia.
En el caso de la familia hispana, que es básicamente unida, es donde se hace posible el amor, el amor sin condiciones; los padres que inician la familia con una promesa de amor quieren a sus hijos porque son sus hijos, no en razón de sus cualidades. La familia funciona como un centro de intimidad y de apertura al resto del mundo.
“Es en el seno familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a profundizar, a reflexionar. Es en el ámbito de la familia donde el hombre aprende el cultivo de las virtudes, el respeto que es el guardián del amor, la honradez, la generosidad, la responsabilidad, el amor al trabajo, la gratitud, etc.”, explica el Dr. Jasper Lemott, escritor y educador de Sur Africa. El añade que la familia nos invita a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad y el corazón, para poder contribuir y abrirnos a la sociedad.
El añade que la familia es el primer ambiente vital que encuentra el hombre al venir a este mundo y su experiencia es decisiva para siempre.
Amor conyugal, modelo de amor para los hijos
La familia es la primera y fundamental escuela. Como comunidad de amor la familia encuentra en sí misma la fuerza que la rige y le hace crecer.
Idealmente, el amor mutuo entre los esposos, debe ser el modelo y norma de las relaciones entre hermanos y hermanas y entre las diversas generaciones que conviven en la familia.
La participación cotidiana de los momentos de alegría y de dificultad representan la más concreta interacción responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad.
Según un viejo refrán, "se puede procrear fuera de la familia, pero sólo en familia se puede educar", y educar para amar sólo se puede en el ámbito de la familia: amando.
Lo que más importa es que los hijos vean la forma cómo tratamos a nuestros cónyuges. No hay nada que eduque más y mejor a los hijos que el ejemplo de amor que ven en sus padres como pareja.
El amor, factor de desarrollo de los hijos
El otro aspecto fundamental de la influencia del amor, dentro de la familia lo encontramos en el desarrollo de la persona, particularmente, de los hijos.
Cada familia, aún sin pretenderlo crea un ambiente (de amor o de despego y egoísmo, de rigidez o de ternura, de orden o de anarquía, de trabajo o de pereza, de ostentación o de sencillez, etc.) que influye en todos sus miembros, pero especialmente en los niños y en los más jóvenes.
Conocimiento
Amar es buscar el bien integral del otro. El que ama y sólo el que ama, conoce bien a la persona amada, porque la conoce no sólo como aparece sino como es por dentro, y más aún conoce "su posible", aquello que puede y "debe" llegar a ser.
Como dice Paul Valéry, famoso ensayista y filosofo francés del Siglo XIX, "lo que es más verdadero de un individuo, lo más de él mismo, es su posible, lo que puede llegar a ser".
Partiendo del hecho de que el hombre, como explica Valery, "es un ser en proceso". Pensemos que es en la familia donde más va a avanzar dentro de este proceso. Así podremos valorar la trascendencia de nuestro amor a los hijos. Nuestro amor será responsable de que ellos alcancen la estatura que deben llegar a tener, en todos los aspectos de su persona.
El que ama no sólo conoce lo que la persona amada puede llegar a ser, sino que "le ayuda a ello", le ayuda a que desarrolle todas las potencialidades que tiene y que muchas veces ignora, le ayuda a que sea lo que puede llegar a ser.
Confianza
Principios básicos de psicología afirman que el afecto estimula el aprendizaje y desarrolla la inteligencia gracias a la sensación de seguridad y confianza que otorga y que se desarrolla lentamente a través de la infancia, la niñez y la adolescencia.
El ser humano, que está siempre en proceso de desarrollo, es un personaje que presenta cierta dosis de inseguridad. El que se siente amado experimenta dentro de sí una fuerza que incrementa su seguridad. Sentir la confianza de las personas queridas es, no sólo de gran ayuda, sino en muchas ocasiones "vital".
Confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder. Confiar significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra.
Confiar en alguien implica ser paciente, saber esperar.
¿Cómo podemos infundir confianza en nuestros hijos? Ayudándoles a que descubran sus cualidades, limitaciones y defectos. Ayudándoles a que desarrollen cualidades, animándoles y aplaudiendo sus logros por pequeños que sean, ayudándoles a que descubran a dónde pueden llevarles sus inclinaciones si no las dominan y sobre todo, haciéndoles sentir nuestro cariño. Para esto necesitamos no sólo paciencia, sino también tiempo.
Lo contrario de la confianza es descargar sobre nuestros hijos nuestro coraje e impaciencia, echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que pueden cambiar. El decirles "eres malo" en lugar de "lo que hiciste" es una acción mala.
Amar a los hijos no significa evitarles todo sufrimiento. Amar es buscar el bien para el ser amado en última instancia y no la complacencia momentánea. Es posible que algunas veces por amor a un hijo le generemos una frustración momentánea que en realidad lo prepara para un bien más grande.
El amor necesita disciplina. Ignace Lepp, ateo francés que se convirtió al catolicismo, en su libro Psicoanálisis del amor nos dice: "El amor auténtico es el más eficaz creador y promotor de la existencia. Si tantas personas - bien o mejor dotadas - siguen siendo tan mediocres, se debe a menudo, a que nunca han sido amadas con un amor tierno y exigente"








