París/EFE — La exquisitez multicolor del modisto español Josep Font, la gloria del cine y sus estrellas vista por Jean-Paul Gaultier, y la lujosa pureza del blanco con Elie Saab fueron el miércoles algunos de los broches finales de la alta costura francesa para el otoño-invierno 2009-2010.
Blanco roto, marfil, nacarado, levemente plateado, crudo, beige muy claro... No hubo ni mucho menos un solo blanco en la pasarela de Elie Saab, sino un sinfín, en vestidos de elegancia suprema, pensados para ocasiones sólo excepcionales.
Bordados de flores, perlas, strass, plumas o lentejuelas, sobre satén, muselinas, tules, organzas o puntillas, produjeron con el modisto libanés vestidos, cortos o largos, boleros, tops y capas de ensueño, asimétricos, drapeados, plisados y/o semitransparentes.
La “celebración a la vida, a la alegría y al color”, unida a las formas, colores y volúmenes tridimensionales del pintor y escultor expresionista produjeron un exquisito desfile de prendas atípicas, en tonos amarillo limón, ‘blanco hielo’, negro, verde bosque, azul topacio, fucsia y rojo fuego.
El momento es “tan gris y tan negro que me apetecía ser optimista”, explicó el modisto.
“Es lo bueno de mi trabajo, investigar cosas que aparentemente no tienen nada que ver y trabajarlas”, añadió.
Nada de crisis sobre el podium de Jean-Paul Gaultier, sino todo lo contrario, mujeres de sueño, vestidas de lamé de los pies a la cabeza, con pantalones con peto tipo vaquero, azules, pero de piel de cocodrilo combinados con abrigo de zorro o de visón, en homenaje al séptimo arte.
Negro, marrón oscuro y azul rey, claro, fueron tres de sus principales colores para el invierno próximo, junto con dorados y plateados.
Tules y muselinas, plisadas y drapeadas al mejor estilo hollywoodiense, espectaculares corsés neo-futuristas o de lejana inspiración marina y geométrica a la vez, fueron algunas de sus propuestas más sensuales.
La pedrería negra iluminó con su misterioso resplandor un sinfín de modelos de diferentes modistos como Chakra, Zuhair Murad, o Eric Tibusch, en su inesperado homenaje póstumo a Michael Jackson.
Inesperado porque su objetivo era otro cuando hace unos meses decidió celebrar con sus diseños el retorno a los escenarios del rey del pop, que debería haber comenzado una serie de 50 conciertos en Londres desde el 17 de julio.
Llevado por su amor por lo masculino-femenino y por el universo musical y el estilo de Michael Jackson, el modisto bautizó “Evolution” a su nueva colección, y soñó en ella el encuentro imposible de la leyenda Jackson con la de Marlène Dietrich.
Plumas amarillas, boleros y chales de zorro, estampados cebra, bordados de flores y cristales dorados y rosas, completaron algunos de sus espectaculares diseños.
La gran emoción del día fue, no obstante, la que acompañó la presentación de Christian Lacroix, firma que atraviesa serios problemas económicos y cuyo futuro es incierto, pero que en esta ocasión recibió el apoyo, los aplausos y las ovaciones de su público.
Fue una minicolección creada con restos de tejidos de otras anteriores, y con el apoyo de amigos generosos, entre ellos los responsables del Museo de las Artes Decorativas, junto al del Louvre, que brindaron sus salones al talento del célebre modisto.
Lacroix arrasó con su vestido de novia, en blanco roto con bordados en oro y salpicado de flores amarillas, rojas y azules.
Por su parte, Giorgio Armani Privé celebró con champán, y propuso a sus mejores clientas vestir de negro, de azul muy oscuro y de suaves dorados.
A veces las vistió también de negro y plata, con vestidos de escote palabra de honor, bordados e ilustrados por un enorme collar plateado y sombrero a juego, a tono con una colección en la que celebró la típica elegancia de los años 40.
La nueva colección de Karl Lagerfeld, director artístico de Chanel, fue, sin embargo, igualmente impactante.
Aunque en esta ocasión el lujo, el de verdad, el que no necesita ser ostentoso porque simplemente es, se llenó de brillos, de oros y platas, de perlas y de geometrías bordadas de colores, sobre tweeds de tramas doradas y plateadas, sedas, tules y tejidos fluidos y suntuosos.
Podrá acompañar, por ejemplo, un conjunto bicolor de falda larga y túnica recta de tirantes, enteramente bordados de perlas, a juego con guantes-manga altos, hasta casi los hombros, que ocultan parcialmente las manos y dejan libres los dedos.