‘Un nuevo color llega a la moda internacional, el rosa mexicano", anunciaban las crónicas sociales en los años 50 tras presenciar la colección del diseñador mexicano Ramón Valdiosera (1918) en Nueva York, donde predominaban prendas de ese vibrante tono.
No fue casual que el concepto de "mexican pink" se propagara a partir de ese momento. El creador veracruzano contaba con el patrocinio del presidente Miguel Alemán y tenía plena conciencia del potencial inagotable de la indumentaria indígena para elaborar trajes estilizados con calidad de exportación.
Valdiosera utilizó bordados huicholes y mixtecos, manta, telas rebozo, tintes como el caracol púrpura y el azul añil, y se inspiró en las figurillas y la iconografía prehispánicas en su moderna reinterpretación de las prendas tradicionales desde finales de los años 40 y durante cinco décadas.
"Supo adaptar ese discurso del México moderno, postrevolucionario, bajo la necesidad de crear una identidad nacional para cohesionar al país, a la moda", comenta Ana Elena Mallet, curadora de la exposición que contrapone el trabajo de Valdiosera con el de la joven generación de diseñadores tomando como punto de partida la divergente noción de lo mexicano.
Bocetos, fotografías, videos y prendas documentan el proceso creativo tanto del veracruzano como de Trista, Malafacha y Alejandra Quesada en la exposición "Rosa mexicano. Moda e identidad: la mirada de dos generaciones", que se estrenó en la Casa del Lago (Bosque de Chapultepec, Primera Sección).
La moda ha sido un campo muy poco explorado y muy poco legitimado en la cultura. Y es interesante que Casa del Lago le dé cabida a expresiones que otros espacios no tienen. Casi ningún museo abre sus puertas a la moda, que forma parte de la historia y los lenguajes contemporáneos", opina la curadora.
Mallet se ha interesado en el cruce entre arte y diseño y ha sido responsable de la curaduría de "Boutique", la primera exposición de moda exhibida en el Museo de Arte Carrillo Gil, y "Barbie", la muestra sobre la rubia muñeca programada en el Museo Franz Mayer, donde también presentó la obra de Clara Porset, diseñadora de mobiliario.
Trista, Malafacha y Alejandra Quesada, por ejemplo, hasta hace poco ignoraban el trabajo realizado por Valdiosera y celebran que la exposición revalore su aportación.
"Nos sentimos ajenos al nacionalismo y a las identidades geográficas al diseñar colecciones", explica Malafacha. Con este par de diseñadores coincide la dupla de Trista, pues no hay una búsqueda intencional de la mexicanidad en sus proyectos.
Los temas que inspiran las más recientes propuestas de estos creadores son diversos. Malafacha se basa en la lúdica mirada a la muerte, Trista en el juego de sombras y Quesada en un recuerdo de la infancia: la higuera de la casa de su abuela.