La llegada del primer hijo pone a prueba la estabilidad psicológica de la pareja. Los padres comienzan a serlo antes del nacimiento del hijo; las parejas que pronto se convertirán en padres normalmente preparan la llegada del bebé durante meses y cuando llega la hora de traer al nuevo miembro de la familia al hogar, los padres ya han tomado clases, han leído artículos, libros y han equipado la recámara del bebé completamente.

No obstante, a pesar de todos estos preparativos, el cuidar de un bebé resulta una experiencia que rebasa a los padres.

GRAN CAMBIO

La llegada de ese hijo implica un cambio porque dejan de ser dos, y lo ideal es que cuiden ese espacio para apoyarse mutuamente en sus nuevas funciones, ya que probablemente no dormirán lo suficiente durante los primeros meses de vida de su bebé.

La consecuente privación de sueño puede hacer que se tornen irritables porque tendrán menos energía y muy probablemente su capacidad de concentración disminuya.

También se darán cuenta de que tienen menos tiempo para trabajar, para ustedes en lo personal y menos tiempo para su pareja. En paralelo un bebé también puede desatar sentimientos de celos, los cuales son naturales cuando la estructura de una familia cambia de una forma tan decisiva.

Otros problemas referentes a la relación pueden ser que usted y su pareja se den cuenta de que ambos tienen distintas perspectivas sobre cómo ser padres. Cuando los problemas no se tratan abiertamente, pueden surgir diferencias importantes, por ello, es importante dedicar tiempo para la comunicación. No perdamos de vista que a menudo, lo único que se requiere para resolver una mala interpretación es intentar ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.