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"La conciencia moral no se forma de la noche a la mañana, tiene que existir una cadena de frustraciones que le hagan entender lo que es legítimo, lo que puede recibir y lo que se está esperando de él".

En hijos de edades más maduras se pueden negociar los intercambios, pues ya tienen un mayor razonamiento, pero con los pequeños hay que orientarse por el sentido común.

"Con los púberes y adolescentes muchos papás se pierden y los niños toman el poder, porque no saben hasta dónde poner límites ni qué se les puede dar o no.

"Por ejemplo, un niño de 15 años con una camioneta es un riesgo cuando sabes que les encanta andar a toda velocidad. Es como darle un rifle a un niño de 5 años, es un arma. Un poco más grandes tienen otra madurez, pero ahí sí tienen que razonar los papás en qué tanto darles.

"Muchas veces dan sin pensar, sólo basándose en que ellos no tuvieron o porque a los amiguitos sí les dieron, pero hay que pensar para qué se les dan las cosas, cuál es el sentido, o si sólo lo hacen concentrándose en la apariencia".

Para que los hijos aprendan que el dinero y los bienes materiales tienen un valor y sepan apreciarlo es importante no perder el propósito de lo que se les brinda, no perder el gusto de hacerlo y no sobrepasar las capacidades económicas.

La doctora en psicología añade que también hay que medir lo que se le brinda a los hijos con base en lo que ellos aportan. Si son maduros, con buena relación con los padres y buen rendimiento académico, se puede dar más confianza en el manejo económico.