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Para que el pequeño pueda aprender el valor de esa moneda hay que abrirle la capacidad de que tome la decisión de en qué se la gastará, así será un motivo de gusto y le dará placer decidirlo.

Sin embargo, se puede orientar que el niño posponga un poco ese placer y lo use para conseguir algo muy deseado por él, añade Rangel Domene.

¡Qué buen aprendizaje! El trabajo alrededor del dinero también se fundamenta en enseñarle al hijo que éste no vale sólo por la marca de los objetos que compre o el número de bienes que posea, sino que el dinero no deja de ser una vía para llegar a un fin, porque la realidad es que una persona vale por lo que es y no por lo que tiene.

"Debes ver qué le falta, pero no puedes satisfacer todas sus demandas porque él debe aprender la tolerancia a la frustración. Es bueno decir 'hoy no te llevo a los juegos, pero el sábado sí', pues eso hace que anhele y añore sin gratificarlo en extremo.

"Cuando se gratifica a un hijo al 100 por ciento, creará la idea de que sus deseos son ley. No aprenderá a ponerse en los zapatos de los demás, sino que se concentrará en gratificarse a sí mismo y tendrás a un niño egocéntrico, demandante, posesivo, que no tendrá la capacidad de relacionarse".

Rangel Domene afirma que sobregratificar es tan dañino como el exceso de carencias, ya que al darse todo se forman niños narcisistas inadaptados, donde sus necesidades sólo se concentran en ellos mismos.

No consideran ni a los padres y no entienden por qué no le dan todo si se lo merecen", dice. "En el camino de la formación de un hijo debe haber muchos 'no', de lo contrario, no internalizará procesos de aprendizaje, ya que las negativas son parte del crecimiento moral y de la conciencia.