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Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Parece una epidemia incontrolable y es triste oír personas hablando de ellas mismas diciendo que no sirven para nada, que son un verdadero fracaso y lógicamente esto se refleja en sus vidas, sufren del complejo de inferioridad.

Dejemos de castigarnos tanto, salgamos de esa cárcel que nosotros mismos hemos formado, ante los ojos de Dios todos somos iguales y todos tenemos las mismas oportunidades y somos útiles en su obra siempre y cuando dispongamos nuestro corazón. Este es el secreto, cuando Ud está dispuesto a para ser utilizado, recordemos que en una sala de cirugía hay muchos instrumentos y todos son útiles para el buen éxito de la operación; al igual que en un taller de carpintería todas las herramientas son útiles. El martillo nos podrá decir que es más importante que la puntilla, ni el metro más indispensable que el serrucho ya que todos son necesarios para el terminado del proyecto.

Así pasa exactamente en el reino de Dios, todos somos útiles e importantes, y el Señor nos utiliza de acuerdo a su voluntad, pero siempre y cuando estemos dispuestos a ser utilizados. Posiblemente Ud nunca haya sido reconocido por nadie, se sienta que lo han ignorado, pero recuerde que Dios todo lo sabe y lo que Ud ha realizado en secreto, Dios se lo recompenzará públicamente. Recuerde que todo lo que hagamos deberíamos de hacerlo para agradar a Dios y no a los hombres, yo a la verdad prefiero el premio de Dios y su recompensa, que las palmaditas de los hombres o sus trofeos. Posiblemente su nombre nunca haya sido mencionado, ni está escrito en ninguna parte, pero sí aparece en el libro de la vida, el Señor sí lo conoce y sabe todo lo que Ud ha hecho.