La actriz Angelina Jolie los hizo famosos en Hollywood y en el resto del mundo tras poner su piel en manos del famoso tatuador tailandés Ajarn Noo Kanpai.(FOTO: Archivo/La Opinion)
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En ocasiones, son decenas los que a la vez entran en trance y se lanzan en volandas hacia el cordón de seguridad que protege la representación del venerado monje.

"Por un par de minutos, entran en trance y son poseídos por el espíritu del animal que tienen tatuado", afirma el antropólogo de la Universidad de Jerusalén, Erik Cohen.

Algunos tiemblan durante varios minutos y profieren gritos guturales, mientras que otros aletean los brazos como los pájaros (dios Garuda), gesticulan como monos (dios Murugan) o se mueven de forma similar a los reptiles (diosa Naga).

Los gritos desgarrados se convierten en una cacofonía que compiten con los avisos que los monjes hacen por medio de un sistema de megafonía y las voces que dan los vendedores ambulantes que ofrecen refrescos y comida.

"La tradición de los tatuajes con poderes protectores proviene de la tradición brahmán o hindú del antiguo Imperio Jemer, así como de las creencias animistas", explica Cohen.

"Luang Phor Pern se hizo famoso en los años setenta por los tatuajes que realizaba y, antes de morir, legó su saber a cuatro monjes del templo", apunta el antropólogo.

Los grabados budistas sobre la piel se realizan exclusivamente con tinta negra y, además de formas animales, incluyen símbolos y letras del alfabeto tailandés.

La actriz Angelina Jolie los hizo famosos en Hollywood y en el resto del mundo tras poner su piel en manos del famoso tatuador tailandés Ajarn Noo Kanpai.

Aunque muchos delincuentes comunes se tatúan para protegerse de peligros durante sus fechorías, los monjes aseguran que éstos no tienen efecto si no se lleva una vida virtuosa y de respeto a los preceptos budistas.