La actriz Angelina Jolie los hizo famosos en Hollywood y en el resto del mundo tras poner su piel en manos del famoso tatuador tailandés Ajarn Noo Kanpai.(FOTO: Archivo/La Opinion)
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Gaspar Ruiz-Canela

NAKHOM PHATOM, Tailandia (EFE).- Miles de personas, incluidos policías y delincuentes, coinciden todos los años en la ceremonia de los tatuajes que celebra un monasterio tailandés y en la que, entre ataques de trance, esperan recibir poderes sobrenaturales que les protejan de cualquier peligro.

Los participantes emulan a los guerreros tailandeses que hace varios siglos se tatuaban animales convencidos de que esas figuras les defendían en las innumerables guerras que libraban con los ejércitos de los reinos vecinos de Birmania y Camboya.

El templo de Bang Phra ("Pequeño Buda"), situado a unas 25 millas al oeste de Bangkok, es muy popular entre quienes creen que los tatuajes que graban sus monjes les convierten en personas invulnerables ante accidentes o disparos.

Cerca de tres mil personas abarrotaron el pasado fin de semana la explanada de esta conocida pagoda budista para rendir respeto al que fuera su abad, el fallecido Luang Phor Pern, cuya figura en bronce preside el lugar.

Durante la ceremonia, llamada "wai khru" (respeto al maestro), muchos de los asistentes entran en estado de trance, según aseguran, debido a los flujos de energía que les llegan a través de sus tatuajes.

Un joven de melena larga y con el pecho cubierto de llamativos dibujos se levanta y comienza a moverse como si se tratara de un tigre y sus manos fueran las garras.

En una carrera impetuosa, el joven se abalanza sobre la escultura de Luang Phor Pern, y allí es bloqueado por los soldados y voluntarios que, tras hacerle un masaje facial, consiguen que vuelva en sí.

Repuesto, efectúa una reverencia al abad y regresa solemne a su sitio para meditar sentado sobre el suelo con las piernas cruzadas.