Desde temprano comenzaron las actividades, en las que hubo de todo: risas, reflexión, intercambio de ideas e incluso algunas lágrimas de felicidad. Más temas se montaron sobre la mesa, como familia, economía, carácter, estadísticas... en fin, muchos.

En ese momento noté por primera vez, desde que me dieron el anillo, que la prioridad era el "nosotros", y no la planeación de la boda.

La palabra matrimonio comenzó a ser el foco de mis pensamientos y poco a poco valoré la importancia que tiene tomar esta decisión.

En estos días se habla mucho del matrimonio. La mayoría ya no cree en él, es más, te dicen: "mejor ni te cases". Muchos se arrepienten, algunos le temen y huyen, unos cuantos te dicen que es maravilloso pero, en mi experiencia, son contadas las personas que han cumplido el "hasta que la muerte los separe".

Me queda claro que no será fácil, que habrá obstáculos y problemas, pero ahora siento que tengo herramientas para librarlos. En estos días, gracias al curso, encontré un significado desde mi interior.

La sociedad consumista hace creer que debemos cumplir con ciertas condiciones antes de dar el paso, como tener un departamento, un coche, un centro de lavado, una boda de ensueño, etcétera. Creemos que nuestra felicidad es igual a seguridad económica. Y este curso nos hizo ver que lo primordial es el amor, saber lo que quieres y la conexión con tu pareja.