El premio Nobel luso, ácido en sus manifestaciones, señaló que "no esperaba reacciones de los católicos porque ellos no leen la Biblia" y se preguntó- "¿Quién va a leer un libro de ese tamaño?".

Además, reconoció que él mismo, a pesar de haber leído la Biblia no lo ha hecho "al completo".

El escritor rechazó que él o su editores fomenten la discusión para sacar rédito de la polémica y solicitó que todo se tranquilice y que las próximas críticas sean todas acerca de la calidad literaria de la obra.

Respecto a la temática del libro, Saramago reconoció que Caín le acompañaba "desde hace mucho tiempo" y agregó que la "cuestión" de este personaje bíblico siempre le pareció "un poco extraña".

"¿Por qué Dios acepta el sacrificio de Abel y rechaza el de Caín cuando ambos le presentan sus ofrendas? Ahí se creó la envidia, Caín se sintió humillado", indicó.

Saramago reconoció que el asunto le interesaba porque a pesar de ser ateo no ha podido escapar a los valores cristianos, y dijo que "no hay un ateo absoluto, sólo podría serlo aquel que viviera en una sociedad en la que no hubiese penetrado Dios".

"Dios y el demonio no están en el cielo ni en el infierno están en nuestra cabeza. Primero creamos a Dios y luego nos esclavizamos a él", argumentó el escritor, que ya había causado las iras de la Iglesia con "El Evangelio según Jesucristo" (1991).

Esta semana los comentarios de Saramago sobre la Biblia y el contenido de su última novela fueron criticados por un portavoz de la Conferencia Episcopal lusa y por figuras de la comunidad judía y cristiana.