La semana pasada tuve el privilegio y la bendición de recibir mi ciudadanía Americana, hice juramento a la bandera de los EEUU, país que nos ha abierto sus puertas a muchas personas de diferentes naciones en el mundo entero y donde hemos venido en busca de una vida mejor, no solamente para nosotros, sino también para nuestras familias.
La ceremonia fue algo espectacular y emocionante, donde todos nos felicitábamos los unos con los otros, algunos lloraron de felicidad y todos juntos compartíamos en un solo sentir nuestro sueño realizado, fue una experiencia muy grande, digna del momento.La verdad, me siento muy orgulloso por ser parte de esta nación tan bendecida.
Y saber que hay una ciudadanía más importante y que muchas veces no le ponemos tanto interés como es la ciudadanía celestial, en la que no necesitaremos visa para entrar ni papeleos, ni tramites, ni esperar y lo mejor, no tenemos que pagar absolutamente nada, ya que nuestro abogado celestial ya lo pagó todo cuando murió por nosotros colgado en un madero.
Al igual que este país le abre las puertas a todas las nacionalidades del mundo, sin importar su raza o idioma, así nuestro Padre celestial desea que todos tomemos este gran paso y entremos en la lista de los ciudadanos del cielo.
Así como para ser ciudadano americano se necesitan ciertos requisitos, también para ser ciudadano celestial los necesitamos. Analicemos los pasos para ser este tipo de ciudadano:
- Reconocer que somos pecadores, ya que todos nacemos con el pecado dentro de nosotros, es innato, como nos dicen las escrituras "Por cuanto todos pecamos, estamos destituidos de la Gloria de Dios".
- Entrar en un verdadero arrepentimiento, ya que no solamente es reconocer que somos pecadores, sino arrepentirnos, como un gran paso para alejarnos del pecado y empezar a hacer la voluntad de Dios, recordemos que no todo el que dice Señor, entrará al reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos.
- Aceptar a Jesucristo como su Salvador, que Él sea el dueño de nuestra vida y que sea Él quien nos guíe de ahora en adelante
Recordemos que Él está dispuesto a perdonarnos, como dicen las escrituras "Así sea su pecado rojo como el carmesí, yo lo pondré blanco como la lana".
La ciudadanía Americana es un honor, pero es temporal ya que algún día tendremos que morir y llegar a la presencia de Dios, mientras que la ciudadanía celestial es para toda la eternidad y lo más importante está al alcance de todos, y así como gozamos de los derechos de este país, así tendremos derecho como ciudadanos celestiales de gozar de su presencia por el resto de la eternidad.
El Señor lo prometió en la casa de mi padre hay muchas moradas, me voy a preparar una para cada uno de Uds, de nosotros depende lo aceptamos o lo rechazamos.
Dios me los bendiga y por favor se me portan bien y buen genio.
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