Todos esos años en los que trabajó como chef en algunos de los restaurantes más caros de Los Ángeles, luchando con otros cotizados colegas para ser tomado en cuenta por la publicación Zagat, Dave Danhi soñaba con hacer algo distinto.
En sus ratos libres cargaba sus sándwiches gourmet de queso a la parrilla en una camioneta e iba de barrio en barrio, cruzándose con vendedores de tacos, carritos de crepas, puestos de salchichas de Francfort y todo tipo de puestos rodantes de comidas de calidad. Se estacionaba junto a ellos y se esmeraba por conseguir ser recomendado en Twitter o Yelp.
Fue así que el ex chef de Water Grill, un restaurante que según Zagat ofrecía la mejor comida de mar del sur de California, terminó detrás del mostrador de su camioneta amarilla Grilled Cheese Truck en una reciente tarde soleada. A un lado tenía al Greasy Wiener Truck, que vendía hot dogs al estilo Nueva Jersey. Al frente estaba Crepe ’N Around, con sus deliciosas crepas con pollo al pesto preparadas por Eileen DeLeoz, una chef formada en Francia.
Esta es la nueva onda en el mundo de las comidas. Si uno quiere saborear un plato, debe apresurarse, porque si no corre peligro de que el restaurante rodante se haya ido. Pero si llega temprano, podrá elegir entre una variedad de platos exóticos, incluida la obra maestra de Danhi, un sándwich de macarrones con queso cheddar, cebolla dorada y costillas de cerdo deshuesadas, en pan tostado.
Lo que es mejor, una comida en cualquiera de estos puestos cuesta no más de diez dólares.
"Esto no es una moda pasajera, es la evolución de la industria de la comida", afirmó Hudson Riehle, encargado de investigaciones de mercado de la Asociación Nacional de Restaurantes, que por primera vez está ofreciendo una exhibición de puestos rodantes de comestibles en su feria anual en Chicago.
Riehle dice que hay una creciente demanda, particularmente de la gente menor de 44 años, de comida al paso de calidad, fresca y barata.
Eso resultó evidente una tarde reciente en un sector del aeropuerto de Los Ángeles donde se congregan numerosos restaurantes ambulantes. Una media docena de camionetas se concentran en una zona entre edificios de oficinas y un hotel. Al son de la música de un tambor metálico, cientos de empleados hambrientos salen de las oficinas y deciden qué comer.
Rubén Flores opta por unos tacos de pollo kung pao, del camioncito de Don Chow, que vende una fusión de comidas china y mexicana.
"Es algo más llamativo y cultural que comer en un restaurante de una firma grande o en un sitio de comida rápida como McDonald’s", expresó. "Me da la sensación de que esta gente disfruta haciendo lo que hace, que son verdaderos artistas".
Los puestos de comidas ambulantes no son nada nuevo. Comenzaron sirviendo obras de construcción al mediodía y se presentaban haciendo sonar temas como La cucaracha, que anunciaban su llegada. Ofrecían mayormente un café malísimo, bocaditos viejos y sándwiches de misteriosos embutidos.
Los camioncitos de hoy son muy distintos y ofrecen comidas en serio.
En la actualidad se concentran en un mismo sitio desde media docena de puestos hasta dos docenas, a la hora del almuerzo y para la cena.
"Son una alternativa a los deli [tiendas de comestibles] de los sótanos de los edificios de oficinas", expresó Brett Burmeister, director del portal foodcourtsportland.com. "Uno paga cinco dólares por platos que en un restaurante costarían 25".
En Los Ángeles los camioncitos son cada vez más populares y ofrecen platos sumamente sofisticados. Se concentran cantidades de camioncitos en un sitio y exhortan a la gente a que revisen Twitter para ver dónde irán cada día.
Cansados de pagar multas y de acudir a los tribunales para combatir ordenanzas que les obligaban a moverse constantemente, un gran número de vendedores formaron la Asociación de Vendedores Ambulantes de Comida del Sur de California y comenzaron a negociar con grandes edificios comerciales y organizadores de actos públicos para que les permitiesen instalarse en las inmediaciones.
Esa es la nueva tendencia, asegura Riehle, quien pronostica que el fenómeno se expandirá a otras ciudades grandes.
Al juntarse varios camioncitos, aumenta la competencia. Paralelamente, no obstante, se atrae más gente, y todos salen ganando, especialmente si la clientela sabe adónde se van a estacionar cada día.