Marlene Carranza tiene tres hijos de 17, 15 y 11 años. Los tres cuentan con un teléfono celular y a los tres les gusta usar la computadora. En un mundo en el que los jóvenes pasan cada vez más horas expuestos a los medios de comunicación, ¿qué pueden hacer Marlene y su esposo para supervisar lo que sus hijos ven?
Un estudio publicado en días pasados por la Fundación Kaiser Family indica que los chicos entre los 8 y los 18 años de edad dedican ocho horas al día al uso de medios de comunicación con fines de entretenimiento.
Esta realidad, que para la nueva generación —conocida como GM2— es parte de su cotidianidad, puede resultar intimidante para sus padres, que en ocasiones no saben cómo limitar el uso de estos aparatos a sus hijos ni cómo controlar los contenidos que reciben.
"Cuando estamos con papás latinos encontramos de todo", comenta María Álvarez, portavoz de la organización Common Sense Media que estudia el consumo mediático en niños y jóvenes e imparte talleres para los padres de familia.
"Unos saben que tiene que haber control, pero no lo hacen porque pasan demasiado tiempo lejos de casa, y darle permiso a los hijos es retribuir de alguna manera su ausencia. Otros piensan que porque sus hijos están viendo un videojuego o la televisión dentro de casa, se encuentran seguros y sin riesgo. Y hay un grupo de padres que quisieran involucrarse más, pero se topan con algunas barreras", explica Álvarez.
Una de estas barreras es el idioma. Muchos padres no hablan inglés, que es el lenguaje en el que los chicos consumen gran parte del contenido mediático. Además se encuentra la barrera tecnológica: los padres no están familiarizados con el uso de computadoras, videojuegos y otros aparatos, y no saben cómo acercarse a ellos. Y finalmente la brecha generacional, que hace difícil para los padres comprender que sus hijos tienen acceso a los medios las 24 horas del día, a diferencia de como crecieron ellos.
De acuerdo con Álvarez, la brecha del idioma y la tecnológica son particularmente problemáticas en el caso de los padres hispanos.
"La mayoría de los papás latinos no tiene información sobre lo que son las redes sociales y no tiene idea de lo que puede ocurrir a través de ellas", explica, recordando los casos de acoso social, sexual e impacto negativo en la reputación, que se han originado a través de internet o de mensajes por teléfono celular.
Marlene ha asistido a algunos de estos talleres y por eso insiste en controlar el acceso de sus hijos a los medios; pero no siempre es fácil.
"El mayor problema es la computadora y el teléfono", comenta. "Tratamos de ser flexibles pero controlando siempre. Le quitamos el teléfono a nuestros hijos a las 9:30 p.m., porque ya una vez nos ocurrió que a la 1:00 a.m. estaban mandando mensajes; no tienen límites y uno se los tiene que poner".
Con la computadora la familia Carranza hace lo mismo: la usan por turnos y cada quien tiene un tiempo limitado para ello.
Marlene considera importante establecer reglas desde que los chicos son pequeños e involucrarse en lo que están haciendo. Ella, por lo pronto, se ha puesto a investigar sobre el lenguaje SMS que se usa en los mensajes de celular. Ya sabe que para poner "por favor" en inglés no se pone completo, "please", sino sólo "pls".
"Yo trato de usar las mismas palabras para comunicarme con ellos", comenta.
Una postura similar es la de Juan Godínez, quien tiene dos hijos, uno de 16 y uno de cinco. En su casa, el problema son los videos y la televisión.
"Hay más violencia cada vez en las caricaturas. Por ejemplo, la serie Family Guy es muy popular y uno de los personajes que supuestamente es un bebé hace cosas de adultos y groseras", relata. "En esos casos el control está en uno".
Para Godínez, la principal preocupación es su hijo mayor y los videojuegos.
"Me ha salido muy buen muchacho, pero a veces siento que se está volviendo adicto porque no deja de jugar; si uno le dice que lo deje él hace caso, pero uno ve la agonía que pasa porque quiere seguir jugando".
Una de las estrategias de Godínez ha sido hacer que sus hijos se ganen el derecho a acceder a los medios.
"Primero les pido que hagan la tarea; si estudian dos horas, entonces pueden jugar dos horas; he tratado de usarlo a mi favor", comenta.
Algunos consejos generales son: establecer límites desde que los hijos son pequeños; estar al tanto de los contenidos que consultan y hablar diario con ellos sobre lo que vieron; buscar un balance entre lo que se ve en los medios y la vida fuera de ellos, con más actividades sociales y al aire libre; y ayudarlos a concentrarse para que hagan sólo una cosa a la vez.
Se puede encontrar más información en www.commonsensemedia.org.