La crianza de un bebé es un hermoso compromiso de tiempo completo, y es una realidad que la atención y la supervisión, pero sobre todo, el amor que tú le brindes a tu pequeño van a ser determinantes para su sano desarrollo y crecimiento.
La maternidad te obliga a ser organizada para lograr un equilibrio entre tu papel de madre y las funciones inherentes al rol de mujer, como pueden ser el matrimonio, la profesión, el hogar, la salud física, e incluso el descanso y esparcimiento. En este sentido, contar con la ayuda de una cuidadora o nana puede resultar una excelente idea, siempre y cuando sepas delimitar sus tareas y no pierdas de vista que la responsabilidad de formar y criar a un hijo pertenece a los padres, una nana en cambio, es una auxiliar. Esto debe quedar claro desde un inicio, si no es así pronto te darás cuenta, con tristeza y sorpresa, que tu bebé prefiere estar con la nana que contigo.
Por supuesto que lo ideal es que te sientas tranquila al percibir que tu bebé demuestra empatía y gusto por su nana, al fin y al cabo es una persona que es parte importante de su vida diaria y es en quien confías para apoyarte en el cuidado de tu hijo, pero que esa relación no supere tu disponibilidad incondicional en términos de amor, educación y dedicación.
El apego de los pequeños a la nana puede ser causado precisamente por el distanciamiento y la ausencia que se generan cuando la madre trabaja fuera de casa o dedica tiempo a otras actividades que la alejan del hogar, escenario que es común con el ritmo de vida tan agitado y complejo de hoy en día. Si tú te sientes identificada, haz una pausa y analiza que es lo que debes delegar a la nana y que es lo que te corresponde a ti, como la madre única e insustituible que eres.
“El bebé se encuentra en una etapa de aprendizaje permanente, no tiene nada experimentado, por lo tanto succiona y absorbe todo lo que pasa a su alrededor. De ahí la importancia de que las actividades que implican un contacto total y sustancial con el bebé, como son la alimentación, el baño y el momento de acostarlo, por mencionar las principales, deben ser responsabilidad de la madre”, explica la doctora Laila Mina Kuri, psicoterapeuta familiar y Gestalt.
Recuerda que la convivencia y la calidad de ésta, es lo que afianza y fortalece los lazos afectivos con tu pequeño, el amor se nutre y enriquece con las experiencias que tú como madre compartes con ellos, como pueden ser un ritual de juegos a la hora de alimentarlo, una canción antes de dormir o sencillamente tus caricias y besos constantes, que jamás podrán ser reemplazables.
“Lo que sucede cuando un niño se inclina más por la nana que por la mamá, es que el bebé hace la identificación afectiva con la persona que lo atiende y satisface sus necesidades”, añade la especialista. Si este panorama te parece familiar, tómalo como señal de alerta y revisa tus prioridades, lo más probable es que tengas que hacer algunos cambios.
El cariño y la atención que le proporciones a tu bebé en esta temprana y tierna etapa, sin duda alguna, van a repercutir en todos los ámbitos de su vida. Una madre presente da seguridad, salud emocional y confianza, elementos que son clave en el desarrollo de la personalidad y el carácter. Tú tienes la responsabilidad de hacer la diferencia durante esos primeros años.