La crianza de un bebé es un hermoso compromiso de tiempo completo, y es una realidad que la atención y la supervisión, pero sobre todo, el amor que tú le brindes a tu pequeño van a ser determinantes para su sano desarrollo y crecimiento.

La maternidad te obliga a ser organizada para lograr un equilibrio entre tu papel de madre y las funciones inherentes al rol de mujer, como pueden ser el matrimonio, la profesión, el hogar, la salud física, e incluso el descanso y esparcimiento. En este sentido, contar con la ayuda de una cuidadora o nana puede resultar una excelente idea, siempre y cuando sepas delimitar sus tareas y no pierdas de vista que la responsabilidad de formar y criar a un hijo pertenece a los padres, una nana en cambio, es una auxiliar. Esto debe quedar claro desde un inicio, si no es así pronto te darás cuenta, con tristeza y sorpresa, que tu bebé prefiere estar con la nana que contigo. 

Por supuesto que lo ideal es que te sientas tranquila al percibir que tu bebé demuestra empatía y gusto por su nana, al fin y al cabo es una persona que es parte importante de su vida diaria y es en quien confías para apoyarte en el cuidado de tu hijo, pero que esa relación no supere tu disponibilidad incondicional en términos de amor, educación y dedicación.

El apego de los pequeños a la nana puede ser causado precisamente por el distanciamiento y la ausencia que se generan cuando la madre trabaja fuera de casa o dedica tiempo a otras actividades que la alejan del hogar, escenario que es común con el ritmo de vida tan agitado y complejo de hoy en día. Si tú te sientes identificada, haz una pausa y analiza que es lo que debes delegar a la nana y que es lo que te corresponde a ti, como la madre única e insustituible que eres.