Los Roques es un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza.
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CARACAS/AP — ¡Venezuela debería ser una meca turística!. Tiene la cascada más alta del mundo, montañas nevadas y playas de arena blanca en una de las costas caribeñas más largas. Pero también abundan los inconvenientes: la mayoría de los vuelos llegan de noche, no hay buenas guías y las posibilidades de alojamiento son modestas en muchas regiones alejadas, lo que ahuyenta a potenciales visitantes y hace que uno de los países latinoamericanos con mayores bellezas naturales atraiga más que nada a los turistas aventureros.

Llevo viviendo más de diez años en Venezuela y sé que las satisfacciones que uno recibe al visitar sitios poco frecuentados son muy superiores a los obstáculos que uno encuentra.

Pruebe escalar el Roraima, de 2,800 metros de altura, la más alta de de un grupo de montañas aisladas y rectangulares conocidas como “tepuis” en el estado sureño de Bolívar.

Las mesetas —una de las formaciones rocosas más antiguas del mundo, que tomaron su forma por las fuertes lluvias caídas a lo largo de millones de años— inspiraron la novela de Sir Arthur Conan Doyle “El Mundo Perdido” y, más recientemente, “Up!”, una película que mezcla comedia y aventura sobre un anciano que viaja a Sudamérica en una casa flotante sostenida por globos de helio.

El ascenso toma dos días y unos mosquitos despiadados, conocidos como “la plaga”, pueden convertirlo en una odisea. Pero una vez en la cima, las vistas son imponentes. Cuando el viento aleja las nubes surge un panorama fantástico, con riachuelos cristalinos que avanzan entre cañones y estanques.

Los indígenas que hacen de guías capturan y comen hormigas llamadas “bachacos” y comparten con los turistas una bebida conocida como “cachiri”. Más adelante les informan que sus principales ingredientes son yuca y saliva fermentados.