MIAMI, Florida (EFE).— Los devotos del tequila, ese fruto inapreciable de la destilación de la planta de agave, cuentan en Piladelphia con una suerte de santuario de esta bebida, Xochitl, un local para sibaritas y puristas en busca del sabor de México.
Está claro que la secreta complejidad del tequila más gourmet, ese de cuidada y limitada producción, atrae a los estadounidenses, aunque a la mayoría le resulte todo un desafío pronunciar el nombre de Xochitl hasta el tercer trago.
Nombre de mágica resonancia prehispánica, cuentan que Xochitl ("flor") fue una joven y bella noble de la corte tolteca del siglo XI a la que se atribuye el invento del pulque, una bebida fermentada del jugo del magüey con la que conquistó el corazón del señor de los toltecas, que la hizo reina.
Divagaciones históricas aparte, a nadie pilla por sorpresa el hecho de que el destilado más famoso de México, que exhibe orgulloso su propio Consejo Regulador del Tequila, se haya posicionado firme con algunas marcas en el renglón de las bebidas exclusivas.
Los finos degustadores de licor de agave azul tienen en Xochitl una parada obligatoria, cuando ahora las noches de verano propician la alegría báquica y el trasiego de refrescantes margaritas y otras invenciones vistosas de coctelería.
"La gente ha respondido muy bien, está encantada con la carta de tequilas y cócteles. Dependiendo del tipo de bebida que suelen tomar, nosotros les recomendamos un tequila" determinado, dijo Dionisio Jiménez, chef y copropietario de Xochitl.
El lounge bar de Xochitl evoca cierto barroquismo íntimo de cantina mexicana ilustrada: hornacinas en las paredes con originales frascas de tequilas añejos y artesanales, azulejería, mesas y banquetas de madera oscura y un ambiente acogedor de velas.
Todo muy a propósito para aquellos que cultivan la costumbre del tequila, que puebla con más de un centenar de referencias de tipo blanco, reposado y añejo la carta de cócteles, mezcales y bebidas del establecimiento.
El tequila, por cierto, se sirve en el salón del bar en dos medidas diferentes (caballito o jarrito), que es como manda el ritual, en un abanico minucioso de marcas: desde Don Julio Real añejo (79 dólares el jarrito) o el Patrón Bordeos (120 dólares), pasando por el reposado Corralejo Triple (12 dólares el caballito).
Otras propuestas son Cazadores, Chinaco, Sauza Hornitos, Gran Centenario, Herradura, Milagro, etcétera, un inventario que es también una seña de identidad nacional y de auténtica temperatura humana.
Por algo esos campos mágicos de agave azul que se extienden por el pueblo mexicano de Tequila son considerados patrimonio de la humanidad.
Jiménez no duda en señalar sus favoritos, de tipo añejo, con una crianza de al menos un año, como son los que destila la marca El Mayor o Milagro.
Pero no sólo de añejo y reposado vive y bebe en Xochitl el amante del tequila. La opción del tipo blanco, ideal para combinaciones, con más de una veintena de marcas en la carta, tiene sus partidarios bien dispuestos.
El margarita Xochitl, estrella de la casa, se elabora cien por ciento a partir de agave azul, del que también se extrae el mezcal, y se acompaña con zumo de lima recién exprimido.
Otras muy apetecibles combinaciones con tequila que no deben desdeñarse son la Sandía, a base de Corralejo 10 años, limoncillo, sandía y lima; Señor Barriga, con lima, azúcar, jalapeño y tomillo; o el exótico Doña Florinda, hecho a base de infusión de piña y Sauza Blanco, néctar de guayaba, zumo de pera y lima.
La oferta de Xochitl es un concepto integral de comer y beber; su menú, confeccionado por el mexicano Jiménez, es muestra de un apasionado fervor por la cocina mexicana tradicional, eso sí, con ciertos ribetes modernos, innovadores.
La lección de Jiménez, natural del estado de Puebla, comienza con el mágico sortilegio de los deliciosos y populares sopes, plato clave del menú, a base de masa de tortillas pequeñas hechas a mano y coronadas con chorizo, pato, queso de cabra y frijoles negros.
La carta oferta estupendas botanas [tapas] y ceviches para esmaltar la ingestión del tequila favorito, como son el queso fundido, los tamales oaxaqueños, la ensalada de higos con queso azul, la morcilla con pico de gallo o el guacamole con totopos.
"La mayoría de nuestra comida es casera, regional, la que se prepara en los pueblos, no en las ciudades", aclara Jiménez.
Toda una declaración de principios culinarios para atacar con apetito y ganas alguna de las especialidades y platos de fondo de la casa, entre otros la pechuga de pollo con requesón, el pescado entero al horno con salsa de tomatillo, los chiles en nogada o los pimientos poblano rellenos.