(FOTO: Suministrada)
1/1

La naturaleza humana puede predisponer a la persona nublando el juicio y limitando la percepción de la realidad.

Cuando uno busca con mucha insistencia algo que no existe, desafortunadamente lo encuentra.

Las fantasías envenenan el alma, ya que crean una visión parcial que distorsiona la realidad. Las creencias erróneas llevan a buscar evidencias que comprueban que uno está acertado en sus pensamientos. Se basa uno en pruebas aparentes que lo llevan a asumir ideas equivocadas.

La inseguridad de Perla, además de dañarla, está haciendo que su esposo, Fidel, se aleje de ella. Esta mujer desconfía constantemente de su esposo. Si él sale a la calle a buscar trabajo, ella insiste que va en busca de mujeres y se queja que se las pasa sonriendo a todas las que pasan junto a él. Perla se tortura revisando la correspondencia de Fidel diariamente, su correo electrónico y hasta su portafolio. Ella está segura que su esposo ya no la quiere y que le es infiel. Si alguna vieja amiga de la escuela de Fidel lo localiza y le escribe, Perla se desespera y lo usa como prueba para convencerse de que él está teniendo un romance. Cada llamada, cada comunicación, cada minuto que Fidel llega tarde, es una confirmación de sus creencias. Todo lo ve con sospecha y prejuicio.

Tristemente, Perla está convirtiendo su hogar en un campo de batalla que hace que Fidel se aleje aún más y esto a su vez, lleva a que Perla se convenza de sus sospechas.

Fidel no puede soportar más tantas intrigas, llantos y reproches. Nota que Perla se ha abandonado y ha perdido el interés por arreglarse y ocuparse de la casa. Cuando Fidel regresa al hogar, en vez de estar deseoso de ver a su esposa, teme encontrarse con una mujer enojada y amargada que no quiere atender a su marido. ¡Hasta sus hijos ya desean salirse de la casa e irse a estudiar lejos de allí!