La sombra también la puede proporcionar una pérgola, las cuales se encuentran en distintas formas. Foto: EFE.
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Reportaje especial EFE — Armonía es el concepto principal que nunca debe desaparecer a la hora de decorar un jardín. Para ello es importante escoger adecuadamente las flores y plantas que se van a cultivar. No solo deben buscarse las especies que congenien entre ellas, también se debe pensar en el clima.

Si el jardín está situado en una localización fría, los cerezos, el narciso, la hiedra o el brezo aguantan incluso las heladas. Con ciertos cuidados, la salvia o el romero sobreviven a un clima frío.

En cuanto a las altas temperaturas, los rosales o el carácter versátil de la orquídea les hace especialmente resistentes al calor. En el caso de la lavanda es precisamente el clima cálido el que favorece que su perfume aromatice el lugar. La begonia, aunque es una flor de clima cálido, necesita de sombra para que pueda cultivarse de forma óptima, al igual que el clavel.

Los geranios aromatizados tienen el valor añadido de repeler a los insectos, tal y como el tomillo o la propia salvia hacen con el pulgón.

Si lo que se busca es crear un espacio especialmente colorido, a las plantas y flores se les puede añadir el césped o prado japonés. Es un compuesto que incluye semillas de césped y de flores de distintos colores. Por lo general incluyen margaritas, amapolas y dragonarias, entre otras especies.

Además de vistoso, exige poco mantenimiento. Incluso es necesario regarlo y segarlo con menor frecuencia de lo normal para mantener las flores. Con cada caja de medio kilo se puede cubrir una superficie de unos veinticinco metros cuadrados.

Siempre es recomendable tener árboles de hoja caduca, ya que, además de resultar menos trabajosos, su frondosidad da sombra en verano mientras que en invierno, sus ramas desnudas no obstruyen la escasa luz solar. Es precisamente por el sol y la sombra por lo que se antoja importante estudiar su ubicación antes de plantarlo.