Recuerde, si se enoja, pierde la cabeza y puede terminar por romper algo o lastimar a alguien; logrará que la situación empeore y terminará convirtiendo un detalle insignificante en un problema monumental.
La ira es uno de los sentimientos más desagradables y a veces es imposible deshacerse de ella para siempre, por eso, hay que saber controlarla... Es un sentimiento que se manifiesta cuando algo molesta o incomoda a la gente. Quien está enojado sufre mucho y no logra disfrutar de los detalles de la vida. El dejarse llevar por el enojo a veces transforma un detalle insignificante en un problema monumental. Esta sensación también surge cuando algo no sale como estaba planeado o como lo hubiera deseado.
Sin embargo, el coraje no es el problema, sino las consecuencias que acarrea junto con las actitudes y reacciones que provoca.
Las contrariedades empiezan cuando, provocado por la ira, se actúa de una manera irracional, es en estos momentos cuando se toman decisiones equivocadas o precipitadas de las cuales, por lo regular, la gente se termina arrepintiendo.
Seguramente está pensando que a veces es imposible controlarse en un momento en que las cosas salen mal, por ejemplo, cuando tenía todo para llegar y sobresalir en una cita de negocios y por algo imprevisto que le sucedió fuera de su control, no pudo llegar.
Pero ¿cómo lograrlo? ¿cómo no perder la cabeza en un momento así?
Lo primero que debe tomar en cuenta es que actitudes violentas como romper algo, pegarle a alguien o preparar su venganza, no sirven para nada.
La verdad, ninguna de las opciones anteriores u otras parecidas, logra disminuir la frustración de haber perdido algo.
Además, tampoco aportan soluciones para salir del mal momento o para resolver el problema; al contrario, se limitan a ocasionar más contratiempos.
Al hablar de cómo controlar el enojo no se trata de tragarse el coraje, de no decir nada y hacer como si todo estuviera bien; esta actitud también trae más problemas a la larga.
Si siempre hace esto, con el tiempo todas sus furias reprimidas e interiorizadas se transformarán en una depresión que propiciará más contrariedades.
La depresión lo lleva a preguntarse cosas como por qué siempre le salen mal sus planes y terminará por asumir que lo mejor es no arriesgarse y no hacer nada, craso error.
Aprenda a manejar la ira
Para saber manejar la ira lo que debe hacer es, ante todo, darse cuenta de que el enojo es una reacción natural.
Cuando esté enojado o sienta que la furia lo invade, tome un momento para pensar en lo que le pasa mientras respira lenta y profundamente.
Acepte su furia, pues es un mecanismo que le sirve para darse cuenta que algo anda mal, pero no trate de desquitarse con los demás.
Deje que el momento de máxima irritación pase y entonces empiece a buscar soluciones; esto, aunque al principio es difícil, con la práctica se vuelve mucho más sencillo.
Para calmarse y lograr eliminar la mayor parte de la ira, inclínese por el desahogo físico, es lo mejor en estos casos.
Por ejemplo, cuando sienta que la furia le gana y se encuentre en su casa, salga a caminar o correr un rato, practique su deporte favorito o busque hacer algún ejercicio de su gusto.
Después, cuando ya esté calmado, se dará cuenta que no todo está perdido ni todas las oportunidades se acabaron.
Ahora, si fue una persona quien lo hizo enojar, al calmarse comprobará que no necesita pelearse con ella para resolver el problema.
Recuerde, la ira es una reacción que nace cuando siente que lo han tratado mal o con injusticia.
Por eso cuando ya se sienta tranquilo, una buena idea es acercarse con la persona molesta y decirle serenamente el por qué se enojó.
Dígale por qué está molesto, pero hágalo sin reclamos y mediante una conversación adulta y serena.
Como, seguramente, muchas veces su compañero de trabajo, familiar o amigo le dirá que en verdad no trataba de enfurecerlo, estará feliz de resolver el problema junto a usted.
Es muy importante que la persona reprendida no confunda el reclamo y termine pensando que usted lo hace porque le cae mal.
Explíquele que aunque está molesto por su actitud no por eso le cae mal, al contrario, desea resolver el contratiempo y hacer las pases.
Si su compañero se molesta y no quiere hacerle caso, déjelo; usted ya hizo su parte, ahora le toca a él decidir si resolver el problema o no.