Desde el portal del museo se puede ver una vereda angosta lleva al Paseo Ribereño.
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SAN ANTONIO, Texas.— Durante décadas, el cauce del río San Antonio al norte de los populares restaurantes y tiendas minoristas del centro tuvo un crecimiento excesivo de vegetación y estuvo deteriorado —el tipo de lugar al que los turistas llegan si toman un camino equivocado.

Pero ya no.

Una reestructuración de 72 millones de dólares —que esencialmente duplica el tamaño del Paseo Ribereño— ha transformado el adefesio seco y cubierto de maleza al norte del paseo por el río en una milla y media de curso de agua cuidado con un arte caprichoso, bancos y fuentes que pueden transitarse a pie o por taxi acuático con destino a las atracciones río arriba.

El denominado "Tramo del Museo" del paseo, que abrió el 30 de mayo, conecta a los visitantes desde el concurrido Centro de Convenciones y la zona de Álamo al Museo de Arte de San Antonio y Pearl Brewery, como se llama el nuevo proyecto de reurbanización comercial. Además de eso, este otoño, un camino permitirá que peatones y ciclistas sigan avanzando hacia el norte a lo largo del río hasta el parque Brackenridge, hogar del Museo Witte y el zoológico.

"Todo el río es una obra de arte", dijo Phil Hardberger, ex alcalde, quien impulsó el proyecto y presenció su apertura la última semana en su cargo. "El río, a medida que cambia de carácter, asumirá diferentes formas y diferentes personalidades".

El Paseo Ribereño, un animado desarrollo construido en la década de 1940 con la ayuda del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt, ya es la atracción turística más popular de Texas, por delante del vecino El Álamo. Pero más allá del paseo, muchas las 11 millas del lecho del río han sido descuidadas a través de los años.