Al fondo, el faro de Los Morrillos en Playa Sucia, Cabo Rojo, Puerto Rico. Foto: AP.
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RINCÓN, Puerto Rico/AP — En el mundo abundan las playas con condominios, negocios de baratijas y tráfico, todas con las mismas cadenas de hoteles y restaurantes.

Pero la costa oeste de Puerto Rico es distinta: ofrece arena, sol y mar, y hasta ahora ha logrado evitar convertirse en un destino genérico, sin identidad.

En un viaje reciente con mi familia encontramos cafés agradables, negocios divertidos, pequeños pueblos y playas tranquilas, alejadas del ruido.

Rincón, al noroeste de la isla, es el típico pueblo de surfeadores, que se mueve a paso cansino. Pero el sonido de los coquis (rana típica de la isla que canta desde el amanecer hasta el anochecer) no deja lugar a dudas de que uno está en Puerto Rico.

Peter Avilés, editor del portal Rincon-PR.com, dice que los surferos dieron a conocer a Rincón cuando vinieron a competir en el mundial de surfing de 1968. Rincón se encuentra en una península y cuenta con buenas olas al norte, en el Atlántico, y tranquilas aguas caribeñas al sur.

Avilés dijo que había un solo hotel cuando llegaron los surferos, el Villa Cofresí. Se llenó pronto y la gente comenzó a alquilar habitaciones.

Hoy Rincón tiene unas 1,000 habitaciones en varios hoteles, posadas y casas de alquiler, pero conserva el ritmo de pueblo chico, con una población estable de 15,000 personas y normas edilicias que prohiben la construcción de edificios de más de cuatro pisos sobre la playa, según Avilés.

Entre noviembre y febrero llegan los surferos en busca de las enormes olas de playas como Tres Palmas y Domes, así como estadounidenses que le escapan al frío del invierno. En marzo y abril, las ballenas que migran son la gran atracción. De mayo a agosto, Rincón es un típico balneario.