Fotografía de 30/06/05 en la que una modelo recibe un tratamiento corporal durante una feria de belleza en Bogotá(Colombia). (Foto: EFE/Miguel Menendez V.)
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En la trama de la novela se aprecia cómo estas jóvenes persiguen un ascenso social fácil del brazo de un “traqueto” o narcotraficante, al que encandilan a cambio de los servicios de su cuerpo.

Para ello, en ocasiones,  las jóvenes esculpen una nueva anatomía en el quirófano, siguiendo los cánones marcados por sus antecesoras: grandes pechos, estrechas cinturas y ni un ápice de grasa.
 
Desde la década de 1980, a cada narcotraficante colombiano se le ha visto rodeado de mujeres hermosas, con el fin de alcanzar la aceptación social, de manera que se establecía así una relación provechosa mutua, en la que el capo abría infinidad de puertas a la joven, incluida la de conseguir un reinado en un concurso local o nacional.

Este matrimonio entre el narcotráfico y la belleza prosigue, pese a que quedaron atrás los años en que el gran capo de la droga, Pablo Escobar, se fotografiaba públicamente con actrices, modelos, presentadoras de televisión y ganadoras de certámenes de belleza con pocos escrúpulos. 

El último caso fue el de Liliana Andrea Lozano, una reina de la belleza de Bambuco. Su  cuerpo escultural fue hallado sin vida en el Valle del Cauca junto con el de Fabián Vargas, el hermano del capo vinculado al extinto cartel de Medellín, Leónidas Vargas, quien fue  asesinado a tiros en la habitación de un hospital de Madrid (España) días antes.

Estos hechos ocurrieron el pasado mes de enero, pero la historia continúa...