Grace Kelly con diseño de Helen Rose.
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Nueva York — De acuerdo a la tradición se considera mala suerte que el novio vea a la novia vestida antes del matrimonio esclesiastico. Pero mucho antes de este mito del siglo XX, la costumbre era que la prometida se vistiera de azul ante el altar.

En la Edad Media la importancia del vestido de novia se concentró en los materiales de confección tanto los adornos como las telas, y desde entonces se dio más libertad a la hora de seleccionar el color del traje.

Si para la cultura occidental el blanco es sinónimo de pureza, el negro lo es para el islam.

Los estilos se definieron gracias a eventos y mujeres protagonistas de la historia. Las bodas reales y de personalidades del mundo de la política y del espectáculo, contribuyen a delimitar las tendencias en vestidos de novia.

Entre las más famosas se encuentran Jacqueline Bouvier, quien luego se convirtiera en la Primera Dama de Estados Unidos. El 12 de septiembre de 1953, la joven de 20 años vistió un diseño de la afroamericana Ann Lowe, quien se tardó dos meses en confeccionar el traje con 50 yardas de tafeta color marfil. El diseño presentaba en la falda, enormes flores del mismo material del vestido.

La actriz Grace Kelly que luego se convirtió en la Princesa de Mónaco, se casó el 19 de abril de 1956, y lució un vestido regalo de la Metro Goldwyn Meyer, compañía cinematográfica que encargó a su diseñadora especial y ganadora del Oscar, Helen Rose. La estilista estadounidense utilizó 95 yardas de tul y 25 yardas de tafeta de seda. El corte se definió con un cuello alto y mangas largas.