La cerveza no sólo se bebe: se puede usar para cocinar.(FOTO: Archivo/AP)
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La cerveza decayó con el auge de los griegos, que prefirieron beber vino, como los romanos, y resurgió tras la caída de Roma en el siglo V.

Los francos, como llamaban los árabes a los europeos, sí que bebían cerveza, que a ojos y, por lo que se ve, paladares musulmanes era una aberración... y una porquería que en sus relatos comparan nada menos que con orines de algún animal.

No hay que extrañarse: los españoles del Siglo de Oro, que no tenían prohibiciones religiosas que afectasen al consumo de alcohol, la reencontraron en Flandes, hoy los Países Bajos, y no faltan autores clásicos, como Lope, que también acuden a la comparación con "orines de rocín". Pero el emperador Carlos, primero, y su hijo Felipe II, después, fueron aficionados a la cerveza e impulsaron su elaboración en España.

Hoy, las cervezas europeas más prestigiosas son las checas, las alemanas, las belgas y las danesas; las inglesas son... otra cosa.

Pero la cerveza no sólo se bebe: se puede usar para cocinar. Un plato de origen belga muy apreciable es la llamada "carbonnade flamande" o carbonada flamenca.

Partan de dos libras de carne magra de buey o novillo; córtenla en dados ni grandes ni pequeños, pero más lo primero que lo segundo, salpimiéntenlos y dórenlos en una cazuela con un poco de manteca de vacas o aceite, a su gusto; la versión original usa manteca de cerdo.

Cuando la carne tome color incorporarán un par de cebollas bien picaditas, además de un diente de ajo. Rehoguen cinco minutos, añadan un tomate troceado, sin piel ni semillas, rehoguen un poquito más e incorporen una cucharadita de paprika, más o menos picante según sus preferencias.