Las relaciones sociales sufren una revolución por el auge tecnológico de la web. Foto: AP AP
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Nueva York/AP — Imagínese una niña que corre por el césped fingiendo que va tomada de la mano de una amiguita.

Esa era la red social de que disponía yo años atrás, luego de que mi mejor amiga Linda se mudó y quedé destrozada. No había otros niños en la localidad rural donde vivía y eso era lo único que podía hacer.

Necesitaba relacionarme con alguien.

Ahora que han pasado algunas décadas, ni sé qué hacer con todas las relaciones que tengo: cientos de amigos, de amigos de amigos y de personas que ni conozco, con las que mantengo relaciones virtuales en varias redes sociales de la internet.

No hay duda de que es una forma eficiente de comunicarse. Pero, la verdad, a veces siento que me va a estallar la cabeza. (Mientras escribo esto, trato de no distraerme con los avisos de mi correo electrónico de que fulanito y menganito me están “siguiendo” en Twitter).

¿De qué hablaba?

Ah, sí, de la locura de las redes sociales online de la última década.

No es que no quiera comunicarme con la gente. Todo lo contrario.

En la década de 1980, me encantaba escribir cartas a mano. En los noventas empecé a usar el correo electrónico porque es más fácil e inmediato. En esta década, a pesar de mis buenas intenciones, mis comunicaciones son cada vez más cortas y las hago circular mayormente a través de Facebook, Twitter o mediante mensajes de texto. Como decía, eficiente, pero a un costo.

Considere el amigo descarado que hace poco me describió así: “Se comunica con miles de personas al mismo tiempo. Así es ella”.