Su típica personalidad inglesa brotaba en cada traje sastre con hombros marcados a raya de gis diplomática, abrigos grises de la Primera Guerra Mundial, cortes militares hasta en los vestidos de gala, gran peinado con crepé, bolsas y sombreros negros y guantes de piel. Todo con cortes perfectos y muy atinados para cualquier Lord inglés.

Esta tendencia ha permeado a sus sucesoras hasta el presente, quienes quieren emular a la Thatcher, con mayor o menor fortuna, siempre buscando la respetabilidad y la justificación de sus puestos.

Para la experta Lucy Lara, la masculinización de la imagen es un hecho.

"Desgraciadamente, el pelo corto y los trajes sastre son los que imperan en la imagen de las políticas poderosas. Debo decir que, en algunas ocasiones, Cristina Fernández de Kirchner tiene un dejo femenino que me hace sentir que ella tiene seguridad en su estilo y no siente que se debilita al tener la melena suelta, lo cual me llena de orgullo.

"Hillary Clinton, por otro lado, vive trajeada y con un corte de cabello que la hace verse muy masculina, lo que en el ámbito laboral estadounidense se traduce como 'Estoy concentrada en mi profesión y no pienso seducir a nadie'. Algo que obviamente su esposo notó desde hace ya varios años", afirma Lara.