MÉXICO, DF .- La moda, desde el inicio de los tiempos, ha servido para indicar estatus o poder. No hay que olvidar que la pintura corporal de los sacerdotes, las coronas, las capas y los ornamentos sirvieron en un primer momento para separar a personas de cierto rango del pueblo, que no podía o no debía adornarse con plumas de quetzal o piedras preciosas.

Con la llegada de las mujeres al poder, estas damas se enfrentan al problema de adecuar sus imágenes a una posición que tienen que validar más que sus colegas varones.

Vicente Gallart, experto en moda de Vogue España, afirma que estas mujeres necesitan un ejército de asesores de imagen.

"¿Es el vestido cuestión relevante para los votantes? No. Pero, ¿les importa el look de sus líderes? ¡Claro que sí!", revela Gallart.

Una premisa que proponen varios expertos del tema, entre ellos, Anna Piaggi, directora de Vogue Italia, es que las mujeres que asumen el poder "masculinizan" en un primer momento su look buscando una austeridad que quieren compartir con los hombres.

El ejemplo clásico sería Margaret Thatcher, ultraconservadora "Dama de Hierro" de Inglaterra, quien desde que llegó al poder en 1979 y se negó a negociar con los terroristas irlandeses, apostó por el lema "Dress for success", es decir, "Vestida para el éxito".