"Ha tardado en llegar al mundo del interiorismo, pero es indudable que añade lujo a la estancia" afirma Hoppen. Para una habitación son ideales los grises plateados y pálidos con los que se ofrece "un ambiente fresco, urbano y elegante".

Para que no falte luz en su salón apueste por el gris más brillante, el más pálido también puede incluirse entre sus opciones, pues combinados con superficies como espejos o cristales reflejan la luz. Complementos como floreros de zinc añaden tonalidad y una textura compacta.

El verde

Stephanie Hoppen describe todo un festival gastronómico para definir cada una de las tonalidades que puede abarcar el verde: granizado de menta, tarta de lima, hinojo, pistacho, apio, guacamole, lechuga o daiquiri entre otros.

Para ella el verde es un color con el que es casi imposible no acertar. Suaves y sencillos funcionan en casi cualquier ambiente, aunque con algunos de ellos, los más oscuros, hay que tener especial cuidado porque pueden resultar poco atractivos bajo ciertas luces.

Para Hoppen los verdes pálidos transmiten sensación de espiritualidad y de paz. Estos, como denomina, verdes zen que consiguen relajarnos de la tensión exterior al hogar "personifican una imagen de vanguardia". Una vez creado el ambiente que deseas es hora de combinar los complementos y telas con diferentes intensidades. El diseñador de interiores Jason Bell recomienda que una vez elegido el color base, se suba o baje la intensidad en distintos tonos dentro de esa gama.

Más arriesgados

Los tonos rosas parecían sólo destinados a los dormitorios de las niñas, pero los fucsia, los cereza, fresa, magenta, el rubí o el grosella son apuestas que pueden reconvertir su salón, el baño o la sala de estar.