La jornada de Difuntos tiene en México un cariz de fiesta. (FOTO: EFE)
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También pueden grabar un mensaje para sus muertos más queridos, que luego se escucha en una incesante cacofonía junto a la ofrenda. Ésta, coronada por las tradicionales calaveras de azúcar y bañada en el humo de incienso, fue construida este año con cerca de 300 cajas de madera.

Conectan sus distintas partes varias cuerdas con pinzas para que quien lo desee pueda llevar las fotografías de sus allegados fallecidos y rendirle homenaje en la ofrenda del Cenart.

Asimismo, hay espectáculos de payasos centrados en la muerte, desde un punto de vista lúdico e irónico, y se celebrará, como cada año en la feria, el Paseo de los Muertos, una escenificación oral con cuentos de terror e historias tradicionales, mecidos por una banda sonora y a lo largo de toda la cañada del centro.

Junto a la ofrenda se sitúan una veintena de artesanos, llegados de varios estados del país (como Estado de México y Oaxaca), que ofrecen productos tradicionales del Día de Muertos: calacas (muñecos de esqueletos vestidos en un sinfín de formas), calaveras de azúcar y chocolate y otros dulces.

"Tardo entre ocho y diez días en hacer una calaca", explicó Melania, una artesana que achaca al clima la rapidez con la que puede secarse la silicona con la que consolida sus figuras de papel y palitos de madera.

Cerca, varias vendedoras exhiben los coloridos dulces hechos con leche y panes de muerto que dan sabor a esta jornada a medio camino entre un mundo y el otro.

Entre lo más vistoso está toda una amplia gama de golosinas modeladas como coloridas frutas, que combinan el gusto del dulce de leche con el del vegetal que representan.