El escritor y periodista Tomás Álvarez es uno de los especialistas españoles en el Camino de Santiago, sobre el que ha escrito dos libros El Camino de Santiago para paganos y escépticos y La Vía de la Plata.
Para Álvarez, "el Camino de Santiago es una inmensa creación que se ha seguido autoalimentando a lo largo de los siglos… Lo de menos es dónde están los restos del apóstol, lo importante es que Occidente ha realizado una fabulosa creación que ha movido a los hombres, que ha incentivado el arte...".
En el Codice Calixtino o la Legenda Aurea se da fe del traslado de los restos del apóstol a tierras del confín continental Finis Terrae (Finisterre). Tras su decapitación por Herodes Agripa en el año 44, el cadáver del apóstol fue robado por los discípulos Anastasio y Teodoro y llevado en barco de nuevo a tierras españolas donde había evangelizado, en concreto a Iria Flavia, cerca del actual Padrón. La leyenda habla de que el cuerpo sin vida de Santiago fue trasladado por dos de sus jóvenes discípulos y conducido a esta parte de Hispania en una barca guiada por ángeles.
El viaje del cuerpo de Santiago se convierte en una azarosa aventura. Cuando consiguieron desembarcar, los discípulos tuvieron que luchar contra dragones y monstruos para imponerse a la reina Lupa, gobernanta de aquellas tierras, y cristianizarla.
Y, tras una serie de milagros, el cuerpo del apóstol fue finalmente sepultado en el monte de Liberum Donum, en un lugar denominado Arca Marmárica. Estos hechos y otros sobre la predicación de Santiago en España, se narran en el breviario de los Apóstoles, de finales del siglo VI.
El sepulcro permaneció en el anonimato hasta que, en el siglo IX, el obispo Teodomiro descubrió la tumba tras ser alertado de los fenómenos asombrosos que se producían en el lugar.
Según Álvarez, el Camino de Santiago "es todo mito. Es un bello mito entre la leyenda y lo desconocido. Es también un contramito. La Península Ibérica de aquel tiempo estaba dominada en casi todo su territorio por los árabes, que tenían el mito de la Guerra Santa.
En el norte, entre breñas inaccesibles, quedaba una minoría belicosa que tuvo que aglutinarse en la lucha de supervivencia en torno a un mito religioso, el Santiago luchador y guerrero, un Santiago que en la Península fue matamoros y que allende el Océano fue mataindios".
El rey Alfonso II el Casto, una vez informado del hallazgo, ordenó construir una iglesia, hoy Catedral, sobre el sepulcro del apóstol, que pronto se convirtió en el principal foco de peregrinación de Occidente. En el año 951, el obispo francés de Puy, Goldesac, visitó el sepulcro del apóstol. Era el comienzo de las peregrinaciones.
A partir de entonces, miles de peregrinos fueron trazando distintas rutas hacia Santiago: la marítima, que traía a los viajeros del norte de Europa hasta los puertos gallegos; la de la Plata, que procedente de Sevilla atravesaba Extremadura hasta llegar a Astorga y se adentraba después en Galicia.
La ruta del Duero, en la que confluían los peregrinos procedentes de Zamora y Salamanca con los llegados de Portugal por los caminos de Coimbra y Oporto; la costera cantábrica, la preferida por aquellos que de camino a Santiago deseaban parar en Oviedo para venerar las reliquias de la Cámara Santa.
Y la más famosa y transitada de todas, el llamado Camino Francés o Camino de Santiago, por el que llegaba la mayor parte de los viajeros europeos. Los seguidores de esta senda penetraban en España por Roncesvalles o Somport, dos ramales que pasando por Pamplona y Jaca, respectivamente, confluían en la localidad navarra de Puente la Reina, para desde allí seguir por Estella, Logroño, Burgos, Fromista, Sahagún, León, Astorga, Ponferrada, Villafranca del Bierzo y Puerto Marín, hasta entrar en Santiago por la Puerta do Camiño.
"Los peregrinos podían avanzar por mil trayectos, pero hubo un monje francés Americ Picaud que escribió el Códice Calixtino, en el que fijó una ruta y una "mitología" del camino: itinerario, reliquias, milagros, consejos… Y a partir de ahí hay un creciente mito que hemos alimentado muchos, desde autores medievales hasta el propio Paulo Coelho, por citar un escritor de otro continente", dice Álvarez.
La tradición jacobea comenzó en el siglo IX, pero no fue institucionalizada hasta que en 1122 el Papa Calixto II decretó la indulgencia plenaria para todo aquel que peregrinara a Santiago. A finales del siglo XI, el Camino estaba ya perfectamente definido y constituía una ruta importante, no sólo de carácter religioso, sino también de intercambios culturales y económicos. A su paso, se levantaron puentes, se repararon las viejas calzadas romanas y se edificaron monasterios y hospitales.
Para el escritor y también periodista, Fernando Sánchez Dragó, autor de la Historia Mágica del Camino de Santiago, el origen del mito del Camino "es Finisterre, que era el final del mundo conocido y comenzaba el mundo de las tinieblas, la tierra de los muertosEn las iniciaciones de todas las culturas, la persona que está siendo iniciada muere para ser convertida en un hombre nuevo de forma alegórica. El hombre que viene a iniciarse en el mundo antiguo tenía que viajar hasta el finisterre gallego y asistir al espectáculo de cómo el sol poniente desaparecía en el horizonte atlántico, lo que significaba la muerte y, a la mañana siguiente, volvía a aparecer, lo que significaba la renovación. Es un mito del culto al Sol, que cuando llega el cristianismo le superpone su propio culto".
Las órdenes religiosas (primero, los monjes de Cluny y luego los del Cister) crearon una infraestructura asistencial a lo largo de la Ruta Jacobea, en tanto que las órdenes militares, Templarios, Caballeros de Malta y Caballeros de Santiago, se encargaban de garantizar la seguridad de los peregrinos.
Órdenes que alternan su poder al igual que ocurre con las órdenes religiosas. Al esplendor de los monjes negros de Cluny, iniciado en España a comienzos del siglo XI, le sucede, en el siglo XII, el poder de los monjes blancos del Cister. Las construcciones románicas, primero, y góticas, después, surgen a todo lo largo del camino, convertido ya en la más importante senda cultural de Europa.
"Cuando llegan los cluniacienses comienza convertirse en un camino turístico y va perdiendo la esencia iniciática. Al principio era un camino para las élites, gentes de categoría intelectual que eran realmente los que querían indagar en los misterios del más allá. Después se fue democratizando poco a poco y empezaron a llegar personas de todos los lugares de la tierra con propósitos no verdaderamente santos. Llegaron pícaros, ladronzuelos, personas enfermas que buscaban un milagro y se fue convirtiendo en una cohorte de los milagros. Se democratiza porque necesitaban oponer al mito de ciudad sagrada como lo era Córdoba para los árabes, el mito de la ciudad cristiana y crear de esta forma una gran urbe política y sagrada, como llegó a ser Santiago de Compostela", explica Fernando Sánchez Dragó.
Del siglo XII al XIV, el Camino de Santiago vivió su época de mayor esplendor. Luego comenzó el declive, provocado tanto por las catástrofes que asolaron la centuria (sobre todo la peste negra) como por las numerosas guerras en las que se vio envuelto el continente.
Esta decadencia se acrecentó en el siglo XVI con la irrupción del protestantismo y las guerras de religión, así como la ocultación de los restos del apóstol durante casi 300 años para evitar que cayeran en manos de los piratas ingleses. Este proceso culminó en el siglo XIX con la práctica desaparición de las peregrinaciones. Comentan las crónicas que el 25 de Julio de 1867 apenas había cuarenta peregrinos en la ciudad de Compostela.
En 1878 el Papa León XIII expidió una Bula confirmando la autenticidad de los restos reencontrados del apóstol, lo que alentó un lento resurgir las peregrinaciones, que un siglo después volverían a cobrar auge de la mano del turismo.
Las importantes inversiones realizadas en el Camino a partir de la década de los 80 del pasado siglo para fomentar otro tipo de turismo, alejado de la idea de la playa y el sol, y acompañado de los alicientes que representaban el paisaje y la presencia de un importante legado cultural y arquitectónico, tuvieron rápidamente una respuesta favorable. De nuevo, miles de peregrinos, llegados desde todo el orbe volvían a transitar los caminos que conducían a Santiago.
Así, mil años después de las primeras peregrinaciones, políticos y empresarios recogieron el testigo de esa tradición para basar en ella una millonaria operación de mercadotecnia, el Xacobeo, una oferta con referencias históricas, culturales y religiosas, que consiguió atraer a la ciudad de Santiago a más de siete millones de visitantes.
Ya en 1993 la UNESCO destacó la importancia y la trascendencia del Camino de Santiago al declararlo Patrimonio Cultural de la Humanidad, y dos años después el Consejo de Europa otorgó la distinción de Primer Itinerario Cultural Europeo al Camino. Un éxito que se repitió en 1999, año en el que más de 10 millones de personas visitaron Santiago, y que se revalidó en 2004, en el primer Año Santo del tercer milenio.
El Año Santo Compostelano o Año Jacobeo, es el más antiguo de los años santos que conmemora la Iglesia Católica y tiene lugar siempre que la festividad de Santiago Apóstol cae en domingo. El 2004 es la 118 ocasión en que se celebra un Año Santo Compostelano, y el siguiente tendrá lugar en 2011.