Las autoridades y el sector turístico ensalzan este mar interior como un destino clave en Colombia.
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Si se toma una lancha hacia el sur del lago se llega a Playa Blanca, un lugar privilegiado de arena fina y aguas cristalinas que nada envidian a las costas del Caribe. Esta playa, rodeada de montañas, es idónea para el vuelo de cometas o practicar deportes como vela, kayak o pasear en moto acuática.

El Lago de Tota, también conocido como el Mar de Boyacá, está poblado de truchas, plato típico de la región, y por ello la pesca artesanal y la pesca deportiva son otras opciones para disfrutar de estas encumbradas aguas.

Pero no todos los atractivos se circunscriben al lago; sus alrededores invitan a disfrutar del senderismo, hacer pintorescas travesías en bicicleta entre cultivos de cebollas y criaderos de truchas.

UN PARAÍSO PARA CUIDAR LA SALUD

El descanso también tiene su lugar en este paraíso, pues el visitante encuentra a su disposición terapias naturales como el ecomasaje corporal, un verdadero regalo para el cuerpo que permite abandonar el estrés cotidiano.

Masajistas profesionales utilizan ingredientes como hierbas, café, chocolate, barro termomineral, aceite, miel o rocas calientes para cubrir y envolver el cuerpo del visitante y acercarlo aún más al entorno que lo rodea.

En el vecino municipio de Cuitiva se ofrecen baños termales en piscinas situadas en medio de las montañas, una verdadera fuente de riqueza natural para el beneficio de la salud.

Estas benignas aguas también se encuentran en Paipa, otro municipio boyacense, considerado como uno de los sitios turísticos que más aprovecha la bondad de sus aguas desde que fueron descubiertas por los españoles en 1568.

En Paipa está el Pantano de Vargas, donde se levanta un monumento en conmemoración a los lanceros de la batalla que allí se libró en 1819 y que fue fundamental para la independencia de la Gran Colombia.