Según Perkis, quien da una bofetada a su cónyuge lo hace, en la mayoría de los casos, porque sabe que no pagará un alto precio por ello, ya que forma parte de la dinámica normativa de la pareja.

“Ambas partes saben donde está la línea roja, incluso si nunca han hablado de ello”, asegura.

La investigadora admite que “las emociones juegan un papel central en el conflicto íntimo y su escalada hacia la violencia”, pero matiza que “aunque el violento actúe motivado por emociones como la hostilidad, la vergüenza o la culpa, eso no significa que esté fuera de control”, sino que “esas emociones forman parte de un proceso de toma de decisiones".

Perkis divide lo que denomina “violencia íntima” en cuatro niveles- agresión verbal, amenazas de agresión física, agresión física moderada y agresión física grave.

Los cuatro niveles “se siguen uno a otro en una secuencia escalada- alguien que utiliza la violencia verbal podría más adelante pasar a las amenazas de ataque y de ahí sólo hay un paso hasta cumplir la amenaza".

Según sus datos, cerca de 13.000 mujeres denunciaron violencia física a manos de sus parejas en Israel el pasado año. EFE