Para protegerse de posibles sortilegios, ponga entre las sábanas y el colchón prendas usadas de los dos.
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Nueva York — Dice un refrán gallego, para replicar a los escépticos, que las “meigas, haberlas hailas” lo que significa que, pese a que no se vean, las brujas están en cualquier parte.

Puede que usted pertenezca a esa clase de cínicos por antonomasia que observan con cierto desdén el mundo esotérico y todas sus fuerzas circundantes.

¿No se ha preguntado, aunque sea por curiosidad, si funcionan?; ¿y si le ayudaran a alcanzar esa persona que tanto desea?; ¿y si le provocaran una pasión desmedida sin tener que acudir a remedios artificiales?; ¿no desearía que su pareja sólo tenga ojos para usted?

Nadie le pide que crea en poderes ocultos, en colas de salamandra o pócimas mágicas. Ya nadie se traga ese cuento, pero siempre puede usted mismo experimentar y ver qué resultados consigue. Y qué mejor fecha que la de hoy, Halloween, noche de espíritus y fuerzas positivas desbocadas.

Tranquilícese, no tiene que comprarse ningun disfraz de druida (sacerdote de los antiguos galos y celtas), ni ir al supermercado a buscar ojos de sapo, colas de lagartija ni pétalos de orquídeas que sólo crecen en las nieves del Kilimanjaro. Tampoco debe salir como los espíritus, en mitad de la noche, prender una fogata en la cima de una montaña orientada hacia occidente o degollar un gallo para beberse su sangre. Todo es mucho más sencillo, y ¡divertido!

Lo primero que debe saber es que Halloween es la ocasión indicada para estos rituales. Según cuentan las antiguas leyendas, ya en el siglo V antes de Cristo, en las tierras celtas de Irlanda, sus pobladores festejaban esta fecha como el final del verano y la entrada de un nuevo año, lo que propiciaba una celebración con hechizos cuya fuerza y magia eran mucho más efectivos.