LA RAMBLA DE LAS CANALETAS, con su aglomeración de residentes y turistas. (FOTO:Archivo)
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Subiendo desde la estatua de Colón, a la orilla del mar Mediterráneo, lo primero que se encuentra el turista son las estatuas vivientes que han dado la vuelta al mundo en postales o fotografías y que se distribuyen a lo largo de todo el paseo.

La nueva normativa municipal de civismo (2006) eso sí, regula la presencia de éstas. Se ha de contar con un permiso. Hay estatuas de todas las temáticas, desde payasos, egipcios, romanos o hadas, hasta pintores de casas o demonios. El mérito está en no moverse.

Más allá los pintores, situados a ambos lados del paseo. Un poco más arriba, el Liceo. El teatro más antiguo de la ciudad y uno de los más prestigiosos del mundo. En 1994, éste sufrió un gran incendio que requirió su posterior rehabilitación.

Según la época del año, Las Ramblas semejan un río de gente. Basta que haga buen tiempo, gane el Barcelona un partido importante o simplemente sea festivo, para que el paseo se ponga a tope.

Entre las cosas que no pueden ignorarse de Las Ramblas está el mosaico que el pintor, escultor, Joan Miró inauguró en 1976 y restaurado en 2007. Lo siguiente que se puede visitar es el Mercat de la Boqueria' (Mercado de la Boquería) o el Palau de la Virreina.