LA RAMBLA DE LAS CANALETAS, con su aglomeración de residentes y turistas. (FOTO:Archivo)
1/1

Las Ramblas son muchas cosas dentro de Barcelona. El centro por el que toda manifestación quiere pasar, el espacio ocupado cada 23 de abril, fiesta de San Jordi y fiesta nacional en Cataluña, o el lugar donde los aficionados del deporte celebran sus victorias. Pero, por encima de todas estas cosas, Las Ramblas o La Rambla, son un punto de encuentro. Una parada obligada para los más de siete millones de turistas que al año visitan la capital de Cataluña.

El novelista francés Henri Beyle, mejor conocido como Stendhal, escribió ''Las Ramblas es un bonito paseo situado en medio de la ciudad. Barcelona es, según dicen, la ciudad más bella de España, después de Cádiz''. Lejos de toda apreciación, la realidad es que la denominada Ciudad Condal se consolida como destino turístico.

Un dato: el aeropuerto de El Prat es el segundo más importante en tráfico aéreo con cerca de 33 millones de pasajeros en 2007, después de Madrid. Ambos destinos están en los entre los 10 primeros de Europa.

El encanto de Las Ramblas es diverso como los colores que invaden un paseo que recibe cuatro nombres diferentes desde su inicio en la Plaza Cataluña hasta llegar a los pies de la estatua de Colón en el puerto.

Rambla de Canaletas, dels Estudis, de Sant Joan, dels Caputxins o de Santa Mónica, son algunos de los rótulos que el turista puede ver con sólo alzar la vista.

Todos estos nombres responden a la historia de un paseo que comienza a perfilarse a partir de 1860, año en el que se derrumbaron las murallas medievales en la ciudad.

A partir de entonces, Las Ramblas fueron la única vía ancha en el corazón de la ciudad. Su nombre viene del árabe ''ramla'' que precisamente significa arenal. Hasta finales del siglo XVIII Las Ramblas no se convertirían en paseo.