Desde entonces el cielo se ha ido acercando al conocimiento humano y las estrellas nos han ido dando respuestas acerca no solo de su composición sino del origen del ser humano. Una aventura que no tiene límites, como el propio Cosmos. (FOTO: Foto EFE)
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Isabel Martínez Pita

Agencia Efe

Al principio, el cielo estaba formado por extrañas luces a las que se puso nombre. Eran generadoras de mitos y leyendas que se mezclaron con la vida de los humanos, protagonizando y forjando las diferentes fuerzas de la vida. Era el cielo negro el que giraba con regularidad una vez al día pero cuando el Sol salía y el cielo se volvía azul, la luminosidad del astro las ahogaba.

A pesar de que en muchos pueblos del planeta subsistían las creencias más primitivas, algunas civilizaciones como la babilónica, la maya, la azteca o la china desarrollaron, a pesar de no poseer instrumentos precisos, conocimientos de la Astronomía que todavía siguen sorprendiendo a los astrónomos actuales.

LOS PRIMEROS PASOS POR EL UNIVERSO.

Entre las civilizaciones que más despuntaron en la ciencia de la astronomía, la griega fue la que alcanzó mayor notoriedad por unos descubrimientos que, a pesar de no ser exactos, se acercaron a la realidad. De entre ellos, Pitágoras fue el primero que afirmó la esferidad de la Tierra; Aristóteles describió el mecanismo de los eclipses; Eratóstenes calculó el radio de nuestro planeta, el tamaño y el volumen aproximado.

Hiparco de Alejandría realizó uno de los primeros catálogos de estrellas. Y en el año 150 d. C., Claudio Tolomeo recopiló gran parte del saber astronómico del mundo antiguo que posteriormente fue recogido por los árabes.

GALILEO, ANTES Y DESPUÉS.

Sin embargo, el geocentrismo, que sostenía que la Tierra era el centro del Universo, alrededor del cual giraban el resto de los astros, se mantuvo vigente hasta que Nicolás Copérnico (1473-1543) formuló la teoría heliocéntrica, que desmontaba la concepción anterior y el Sol desbancaba a nuestro planeta de su protagonismo.