El fetichismo, el voyeurismo, el exhibicionismo, son sólo algunas expresiones del sexo. (Foto: Photos.com) (Foto: Photos.com) / (Foto: Photos.com)
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Y una atracción aún más intensa, sería cuando en la práctica se tiene un especial gusto por la ropa interior de encaje, las botas de tacón, los pies, los pechos o hasta por determinados peinados.

El grado más extremo sería cuando el objeto o parte del cuerpo cobra un papel más importante que la persona misma, y el liguero, el pelo largo, el piercing o la forma y tamaño de los pechos o el pene de la persona son lo que genera una atracción irresistible o incluso se prefiere tener el objeto en las manos para fantasear con él mientras la persona se autoestimula, que tener una relación con la persona misma.

Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que es distinto que a uno le gusten los hombres con barba o las mujeres con tacones, a que las barbas o los tacones en sí mismos hagan que de pronto uno sienta un deseo irrefrenable que lo lleve incluso a actuar.

Cuando el gusto por alguna práctica se transforma en una vía exclusiva para sentir placer, en una conducta compulsiva sobre la que la persona siente no tener control y que no toma en cuenta los deseos y sentimientos de la otra persona, estaríamos hablando de que genera un problema. No es algo que agrega placer al encuentro, sino que es un elemento que controla el encuentro y la reacción de la persona, caso en el cual, lejos de que la persona se sienta satisfecha, más bien sufre.

Más común en los hombres
El fetichismo es más común en hombres que en mujeres, aparentemente por la mayor importancia que dan los hombres al sentido de la vista en la respuesta sexual. Pero también está presente en las mujeres, quizá de manera menos exclusiva; no podemos negar que para algunas las espaldas anchas, las pantorrillas musculosas o el pelo en pecho, pueden ser elementos que contribuyen a la excitación.