La vida sexual no acaba tras sufrir un infarto. Quienes así lo piensan están equivocados.
Por supuesto, cada paciente debe ser cauteloso y retomar esta faceta según su evolución física y estado anímico, sin intentar experiencias arriesgadas que sometan al organismo a esfuerzo excesivo o sobreexcitación.
"Se recomienda que las relaciones sexuales se mantengan con la pareja y en un ambiente tranquilo, porque hay estudios que demuestran que cuando no es así, la persona tiende a sobreesforzarse, a demostrar mayor ímpetu y la demanda de energía es mucho mayor", explica Félix Ramón Cedillo Salazar, presidente de la Sociedad Regiomontana de Cardiología.
Un encuentro íntimo equivale a trotar 20 minutos en un área sin inclinación, agrega, y se considera una actividad de intensidad moderada a alta. Después de un infarto agudo de miocardio, el tiempo estimado para reanudarla oscila entre dos y cuatro semanas.
Además, la práctica sexual será más segura si se tiene un entrenamiento físico y psicológico previo y progresivo.
Si aun así se presenta dolor torácico, palpitaciones o dificultad extrema para respirar, es mejor detenerse y acudir con el especialista.
Muchas personas optan por la abstinencia, temerosas de que sobrevenga un segundo infarto, pero un programa de rehabilitación cardiaca tras un evento de esta naturaleza les dará la seguridad de reintegrarse poco a poco a su vida normal.
"Después de los cateterismos para destapar lo más rápidamente la arteria obstruida y de administrar medicamentos para tratar de limitar el tamaño del infarto, la mayoría de las veces el paciente está dado de alta antes de seis días y, en el octavo, lo tienes ya en la caminadora", comparte el cardiólogo hemodinamista y electrofisiólogo.
"El ejercicio aeróbico inicia en una banda de esfuerzo, en bicicleta, con ligas y pesas ligeras, y hay un monitoreo continuo con electrodos que mandan la señal a un equipo de telemetría, donde aparece la frecuencia cardíaca y la presión arterial".
Cedillo Salazar detalla que dos semanas después del infarto se practica un ultrasonido del corazón para determinar la capacidad de bombeo de sangre a ese órgano.
"Lo normal es que sean 70 mililitros por latido, y se considera que un corazón está severamente afectado cuando son menos de 35 mililitros".
El cardiólogo comenta que al mes se aplica una prueba de esfuerzo, un gamagrama miocardico o un estudio de medicina nuclear, con la intención de saber si el paciente respondió al tratamiento con fármacos, cateterismo o angioplastía, y si no existen evidencias de problemas de circulación cardíaca (isquemia residual).
Conforme avance la recuperación, el especialista le indicará a qué actividades cotidianas podrá irse reincorporando, incluidas las referentes a la sexualidad.
"Hoy en día, por más severo que haya sido un infarto, antes de ocho semanas el paciente está si no al 100 por ciento, sí al 90, con seguridad, y esto tiene una razón fisiológica, el ejercicio aeróbico permite que a las 12 semanas el organismo esté al máximo de su capacidad de respuesta", asegura el cardiólogo.
Agrega que el promedio de edad en la que los varones padecen infartos va de los 45 a los 60 años, mientras que las mujeres, entre los 55 y 65, ya que antes su organismo está protegido por la secreción de hormonas.
"Los factores que propician un infarto agudo de miocardio son múltiples: desde genéticos, ambientales, el sedentarismo, el tabaco, los malos hábitos alimenticios y la coexistencia de otras enfermedades como alta presión arterial, diabetes y colesterol alto".
Sin embargo, expresa Cedillo Salazar, con rehabilitación cardiaca, una buena dieta, ejercicios y hábitos de vida saludable, un infarto y el temor a que se repita, no deben apagar la plenitud de una vida sexual.
"El ejercicio aeróbico inicia en una banda de esfuerzo, en bicicleta, con ligas y pesas ligeras, y hay un monitoreo continuo con electrodos que mandan la señal a un equipo de telemetría, donde aparece la frecuencia cardíaca y la presión arterial".
Cedillo Salazar detalla que dos semanas después del infarto se practica un ultrasonido del corazón para determinar la capacidad de bombeo de sangre a ese órgano.
"Lo normal es que sean 70 mililitros por latido, y se considera que un corazón está severamente afectado cuando son menos de 35 mililitros".
El cardiólogo comenta que al mes se aplica una prueba de esfuerzo, un gamagrama miocardico o un estudio de medicina nuclear, con la intención de saber si el paciente respondió al tratamiento con fármacos, cateterismo o angioplastía, y si no existen evidencias de problemas de circulación cardíaca (isquemia residual).
Conforme avance la recuperación, el especialista le indicará a qué actividades cotidianas podrá irse reincorporando, incluidas las referentes a la sexualidad.
"Hoy en día, por más severo que haya sido un infarto, antes de ocho semanas el paciente está si no al 100 por ciento, sí al 90, con seguridad, y esto tiene una razón fisiológica, el ejercicio aeróbico permite que a las 12 semanas el organismo esté al máximo de su capacidad de respuesta", asegura el cardiólogo.
Agrega que el promedio de edad en la que los varones padecen infartos va de los 45 a los 60 años, mientras que las mujeres, entre los 55 y 65, ya que antes su organismo está protegido por la secreción de hormonas.
"Los factores que propician un infarto agudo de miocardio son múltiples: desde genéticos, ambientales, el sedentarismo, el tabaco, los malos hábitos alimenticios y la coexistencia de otras enfermedades como alta presión arterial, diabetes y colesterol alto".