Si se siguen las recomendaciones médicas y se mantiene la tranquilidad, la vida sexual puede disfrutarse después de un evento cardiovascular. (Foto: Agencia Reforma)
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"El ejercicio aeróbico inicia en una banda de esfuerzo, en bicicleta, con ligas y pesas ligeras, y hay un monitoreo continuo con electrodos que mandan la señal a un equipo de telemetría, donde aparece la frecuencia cardíaca y la presión arterial".

Cedillo Salazar detalla que dos semanas después del infarto se practica un ultrasonido del corazón para determinar la capacidad de bombeo de sangre a ese órgano.

"Lo normal es que sean 70 mililitros por latido, y se considera que un corazón está severamente afectado cuando son menos de 35 mililitros".

El cardiólogo comenta que al mes se aplica una prueba de esfuerzo, un gamagrama miocardico o un estudio de medicina nuclear, con la intención de saber si el paciente respondió al tratamiento con fármacos, cateterismo o angioplastía, y si no existen evidencias de problemas de circulación cardíaca (isquemia residual).

Conforme avance la recuperación, el especialista le indicará a qué actividades cotidianas podrá irse reincorporando, incluidas las referentes a la sexualidad.

"Hoy en día, por más severo que haya sido un infarto, antes de ocho semanas el paciente está si no al 100 por ciento, sí al 90, con seguridad, y esto tiene una razón fisiológica, el ejercicio aeróbico permite que a las 12 semanas el organismo esté al máximo de su capacidad de respuesta", asegura el cardiólogo.

Agrega que el promedio de edad en la que los varones padecen infartos va de los 45 a los 60 años, mientras que las mujeres, entre los 55 y 65, ya que antes su organismo está protegido por la secreción de hormonas.

"Los factores que propician un infarto agudo de miocardio son múltiples: desde genéticos, ambientales, el sedentarismo, el tabaco, los malos hábitos alimenticios y la coexistencia de otras enfermedades como alta presión arterial, diabetes y colesterol alto".