Hay que mantener la piel hidratada.(FOTO:El Mensajero)
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Abderrahmán Uld Ely, un hombre en la cincuentena, se muestra algo más prosaico sobre sus razones para consumirla- “Estoy formalmente a régimen de leche de camella, que me ha ordenado el médico que me trata de la diabetes".

Los rebaños de camellos, que pastan lo que a duras penas consiguen entre dunas a las afueras de Nuakchot, son propiedad generalmente de altos funcionarios del Estado, mientras que su cuidado queda a cargo de pastores que, en algunas ocasiones, consiguen crear su propio negocio.

“Incluso cuando no encuentran nada para comer, les es muy beneficioso el desplazamiento, el ejercicio, más que quedarse quietos en algún lugar que además esté lleno de excrementos”, explica a Efe el pastor Habib Uld Diah.

Diah tiene esperanzas de llegar a tener sus propias camellas y montar su proyecto, a semejanza de otros compañeros que han logrado amasar verdaderas fortunas.

Recientemente, algunas empresas han comenzado a comprar esta leche para pasteurizarla y transformarla en nata, una iniciativa pionera en todo el mundo, que redunda en el aprovechamiento económico del alimento.

Ya sea para alimentarse, para cuidarse, para embellecerse o para enriquecerse, en Mauritania la leche de las camellas es un manantial inagotable de recursos para un país obligado a aprovecharlos. EFE