Hay que mantener la piel hidratada.(FOTO:El Mensajero)
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Nuakchot,(EFE).- En un país donde la escasez es la norma, los mauritanos han sabido encontrar en la leche de las camellas una fuente inagotable de nutrición, estética y hasta un remedio contra la diabetes.

El apego de este pueblo del desierto por los animales jorobados se puede apreciar a primera vista en los numerosos rebaños que jalonan las salidas de la capital, Nuakchot, hacia todos los puntos del país.

Al caer la noche, sus habitantes se acercan a esos lugares para beberse directamente la leche recién ordeñada o bien para conservarla y llevarla a sus casas, donde preparan el “zrig”, un preparado de leche, agua y azúcar servido en una calabaza.

Convertido en un símbolo de Chinguitt (antiguo nombre de Mauritania), hay prácticamente un camello por cada habitante del país- tres millones de ciudadanos frente a más de dos millones de jorobas.

Por eso, el aprovechamiento de su leche se ha convertido en un elemento clave de la dieta mauritana, a la que aporta una riqueza excepcional en vitamina C, tres veces mayor que la leche de vaca, y un nivel de grasas mucho menor.

Su éxito se ha fraguado especialmente entre la clase media y la burguesía mauritana, cuyas mujeres aprecian las bondades de esta leche frente a las enfermedades cardiovasculares, muy comunes en este país por el consumo abusivo de grasas.