Un hombre lleva mascarilla en un vagón de metro en Grand Central station en Nueva York. (FOTO: EFE)
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Kym Lukosky no es alguien que se permita sentirse paralizada. "Es mucho mejor pensar en lo que podría suceder y estar preparado", dice esta madre de tres hijos en Seattle. Ha estado preparada para una pandemia de gripe desde la amenaza de gripe aviar en 2006, con guantes de látex y máscaras para respirar de máxima calidad en la casa y suficientes alimentos —arroz, frijoles, pasta y similares— para un mes.

"Por ahora, el plan es estar preparados y observar", asegura, especialmente considerando que la gripe porcina no se detectó en el estado de Washington. Pero también ha mantenido serias conversaciones con su esposo en los últimos días.

Se preguntan en qué momento sería bueno dejar de enviar los niños a la escuela y encerrarse en la casa.

"Es una pregunta difícil, y no tenemos la respuesta todavía", dice Lukosky. "Pero estamos hablando sobre eso. Si la cantidad de muertes llega a determinado punto, no los enviaremos a la escuela para protegerlos. Estamos hablando de alterar unas pocas semanas en sus vidas. ¿En qué momento se vuelve más importante la seguridad de un hijo?"