Un hombre lleva mascarilla en un vagón de metro en Grand Central station en Nueva York. (FOTO: EFE)
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"No se puede vivir con miedo", dice Ewen, de Raleigh. Al mismo tiempo, sin embargo, conoce el valor de tomar precauciones, después de haber pasado por un caso grave de tos ferina el año pasado, junto con su esposo y su hijo de 2 años. Ahora insiste tanto en el lavado de manos en la casa que su esposo se enoja.

Lynn Wilson vive a unas pocas millas de distancia de la Universidad de Delaware, donde las autoridades sospechan que hay 10 casos de gripe porcina entre los estudiantes.

"Sí, mi vida cambió", asegura. "Estoy acumulando alimentos. Acabo de comprar más medicamentos para la fiebre. Todas las mañanas les recuerdo a mis hijos que se laven las manos en la escuela. Esta mañana, hablamos sobre intentar no tocarnos el rostro".

¿Qué medidas toma ella? "Me lavo las manos, muchas veces. Recién limpié la casa y usé toallitas Clorox en todas las superficies", asegura. "Intento mantener la calma, pero pienso mucho en esto. La idea de intentar proteger a mis hijos de una enfermedad invisible, altamente contagiosa, es preocupante".

Lo que la hace aún más preocupante es la constante cobertura de los medios, que sin dudas asusta a las personas mucho más de lo que las ayuda, asegura Scott Geller, profesor de psicología en Virginia Tech.

"Se lo denomina un sesgo negativo: miramos una historia en el noticiero, y nuestros ojos quedan atrapados por lo negativo", dice Geller, que se especializa en percepción del riesgo. "Estamos mucho más influenciados por casos de estudio que vemos que por las estadísticas totales".

Lo que es peor, asegura Geller, las personas se sienten muy nerviosas porque sienten que no pueden controlar la situación, no saben qué pueden hacer y se sienten paralizadas.