Un hombre lleva mascarilla en un vagón de metro en Grand Central station en Nueva York. (FOTO: EFE)
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De todas maneras, Friedman espera que el buen tiempo continúe para poder seguir llevando a sus mellizos de nueve años caminando a la escuela y de regreso a casa, y no tener que tomar el autobús, como hacen normalmente. Y agrega, "Presto mucha atención a las personas que tosen o estornudan, especialmente cerca de mis hijos". Además de ser más insistente para que los niños se laven muy bien las manos, "en vez de la técnica que usan habitualmente ‘están mojadas así que están limpias’".

Sean Mintus, escritor de Manhattan, no puede evitar el transporte público. "Trabajo en la zona media de la ciudad, de manera que la idea de evitar el transporte público o las multitudes es algo imposible", dice. Aunque Mintus, 27, no usa una máscara en el subterráneo, está llevando la cuenta: vio a cinco personas usándolas una mañana la semana pasada.

Todo lo que puede hacer, asegura Mintus, es lavarse las manos, algo que ya formaba parte de sus hábitos de todas maneras. "Fui criado por una de lss principales hipocondríacas de EEUU., así que mi ritual de lavado de las manos ya era más cuidadoso que el de la mayoría de los cirujanos traumatólogos", asegura.

Una nueva encuesta de Gallup indica que la mayoría de los estadounidenses, como Mintus, no cambiaron sus conductas de manera significativa. En la encuesta realizada el martes de la semana pasada se concluye que solamente 1 a 3% de las personas entrevistadas habían cancelado un viaje, evitado el transporte masivo o hacer compras o comer afuera, habían faltado al trabajo para quedarse en casa o no habían enviado a un niño a la escuela el día anterior.